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Pizzo Calabro. Resonancias de un encuentro planetario de cineclubes.

 
  Crónica del Festival Internacional de Cineclubs realizado en Pizzo Calabro (Italia) del 29 de mayo al 1 junio de 2004

 
  Por: Mauricio Alvarez
Fotografías de Gabriel Rodríquez (Mundokino.net)

 
           


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- ¿Donde era que estabas?
- En Pizzo Calabro, en el Festival Internacional de Cineclubs
- Pero, no es ese un Festival de cine comercial?
- No precisamente
- Ay, entonces es de lo contrario, ¿cómo se llama lo contrario de cine comercial?
- No sé, ¿cineclub?

De una conversación en un café en Barcelona




La soledad del cineclub y la multitud global de Pizzo Calabro

Todos los que alguna vez y de alguna forma hemos participado de un cineclub ya sea como asistentes u organizadores podemos reconocer ese sentimiento de ser parte de un espacio marginal, frágil, casi indefenso pero a la vez sumamente pertinente. En todo caso los que alguna vez hemos participado de un cineclub nos hemos sentido solos con esa idea de presentar un cine regido por la sensibilidad que despierta la magia del cinematógrafo cuando proyecta sobre nuestras mentes imágenes bellas y que choca con aquellas imposiciones de que a toda costa se debe sacar provecho económico del cine y de convertir en entretenimiento todo aquello que pueda ser arte. Por eso la idea de ver cine juntos.nota de prensa

Por eso cuando entramos a la primera sesión del Festival Internacional de Cineclubs en el Cinema Moderno de Pizzo Calabro y las sillas comenzaron a llenarse de personas que a su vez eran ventanas a otros países, a otras ciudades, a otras lenguas, culturas, cinematografías, federaciones y cineclubes, nos dimos cuenta de que no estábamos solos. De que No Estamos Solos.

Quizá éste sea uno de los puntos centrales del festival que la Federazione Italiana del Circoli de Cinema organiza, con el apoyo de la Federación Internacional de Cineclubs (FICC), desde hace seis años en Calabria, muy al sur de Italia. Un festival para el reconocimiento del cineclubismo como un movimiento de actividades locales pero con resonancia global. Movimiento cuya mayor riqueza está representada por su enorme diversidad cultural y que está unido por el lazo común de la difusión amplia, sin privilegios ni restricciones del cine y la cultura cinematográfica. Lazo que crea un mapa propio donde se encuentran Líbano, Burkina Faso, Italia, Japón, Colombia, Serbia & Montenegro, Francia, Pakistán, Nepal, la República Checa, Argentina, España, México, India, Portugal, Corea, Ucrania, Noruega, Estonia, Tailandia, Malasia, Irlanda, Bangladesh, Sri Lanka, Singapur, Suiza, Mongolia, Alemania, el Reino Unido, Indonesia, Croacia y otros puntos más de la geografía planetaria del cineclubismo.

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Durante cuatro días entre los meses de mayo y junio de 2004, Pizzo Calabro fue la sede del cineclubismo mundial, escenario de múltiples proyecciones de cine con el aire de los cines populares que imprimía el Cinema Moderno, lugar de discusiones y reuniones, de charlas informales y sobre todo, lugar para el reconocimiento mutuo entre federaciones, cineclubs y personas. Allí, en las sillas de las heladerías de la Plaza de la República de Pizzo, los cineclubes se reconocían unos a otros descubriendo que, a pesar de trabajar en lugares distantes y diferentes, los problemas tienen la misma naturaleza y los retos y proyectos son, cuando menos, similares.


Las sesiones del Cinema Moderno

Por las pantallas de aquella sala pasaron largometrajes de ficción, documentales, cortometrajes, micrometrajes, cuentos urbanos musicales, manifestaciones públicas íntimamente documentales y muchas otras muestras de la diversidad del cine actual.

Don Chisciotte
En la sección Don Quijote se pudieron ver las películas que recibieron el galardón del mismo nombre entregado por los jurados de la FICC en diferentes festivales del mundo durante 2003. Esta muestra es la vitrina del anhelado proyecto de red de distribución internacional independiente “discoveries”.

cinema moderno
Entre las películas más destacadas de la muestra están: Dopo Mezzanote (Italia 2004) de Davide Ferrario que recibió el Quijote en el festival de Berlín de 2004, una película que no podía haberse filmado en un lugar diferente al Museo del Cine de Torino. Una peli como una declaración personal de amor al cine. Un lugar entre el homenaje a Buster Keaton y el amor y el odio en las calles de Torino.

El otro gran descubrimiento fue Vozvraschenie/ El regreso (Rusia 2003) opera prima del ruso Aleksander Zvyaginstev a la que se le concedió el Quijote en el Festival de Tallin de 2003. Se trata de una película llena de preguntas abiertas como sus personajes y sus paisajes.

Importante también fue la presentación de Numafung (Nepal 2003) de Nabin Subba, director y productor independiente afincado en Katmandú con quien tuvimos la oportunidad de dialogar ampliamente sobre la producción independiente en Nepal fuera de los circuitos de Hollywood y Bollywood que dominan gran parte de los espacio de exhibición de su país. Su película es un retrato meticuloso y tranquilo de la complicada vida Numafung, una mujer joven en una pequeña villa campesina en Nepal.


La Vetrina Internazionale

reine

 La sección de la vitrina internacional tuvimos la oportunidad de ver trabajos muy diversos de directores jóvenes que trabajan con sus propios medios. Entre ellos destaca la presencia de la directora de Bangladesh Yasmine Kabir que llenó de colores y sensibilidad el Festival. Sus películas Poboroshi mon amar (India 2000) y Shadinota (India 2003) son una mezcla de documento social intenso y el retrato personal íntimo. Sus personajes son seres del mundo con vidas increíbles y sentimientos gigantes. Las películas de Yasmine son declaraciones personales sobre cine, inmigración, política internacional, la vida de la gente sencilla, todo metido dentro de un contexto documental, todo metido en un cine sencillo, ordinario diría ella, y extremadamente personal. No en vano Yasmine dirige, produce, filma y edita sus películas.

La sección también contó con la presencia de Reine Mitri, joven directora y cineclubista libanesa que presentó The sound of footsteps on the paviment (Líbano 2003-2004). Esta película es una construcción documental sobre un sencillo pero muy valiente movimiento de protesta de un grupo de jóvenes contra el cierre de un legendario café en el centro de Beirut y su transformación en una zona comercial fría e intimidante. El documental está contado en clave de recuerdo personal, sin cronologías fijas y con el fondo de las lecturas de textos de revoluciones enormes bajo la luz artificial de las noches de Beirut.

Así como el trabajo de Reine Mitri se exhibió en premier internacional, el proyecto televisivo de MKN-TV que presentó en público su primera realización titulada Un minuto 1/2 en la República Checa de Gabriel Rodríguez (México 2003-2004) inaugurando la categoría de micrometraje y mostrando los alcances del actual movimiento sostenido por la Asociación Checa de Cine Clubes y la Escuela de Cine de Verano en la República Checa.

Fuera del programa oficial, se presentaron Out of synk (Pakistan, 2003) del realizador Hasan Zaidi, y el pseudo film de Gabriel Rodríguez Aero Bar (México 2003) videado en el Kino Aero de Praga. amellio


 Sebastiano Di Marco

En esta sección, dedicada a la producción cinematográfica de Calabria, pudimos observar dos filmes relacionados con sendos terremotos que sacudieron a la bella provincia del sur de Italia. Valga la mención para La Terra è fatta così (Italia 2000) de Gianni Amelio, actual presidente de la FICC, película con el aire melancólico que imprime el recuerdo de los trágicos sucesos del terremoto de Campania y Basilicata en 1980.


Claus Strigel ¿Films para niños?
La sección especial de cine para niños y jóvenes contó con una retrospectiva del Alemán Claus Strigel. La sesión central consistió de la presentación de Die grüne Wolke/The last man alive (Alemania 2001), en el que se recrea un juego de contar y hacer historias entre un grupo de niños y su profesor en una escuela “libre”. Al final de la película algunos nos preguntamos si toda esa guerra interna, era realmente parte del universo infantil o algún tipo de presión externa en el film. Vaya uno a saber.



El Foro Internacional de Cineclubs

En medio del Parque Nazionale de d'Aspromonte en la pequeña ciudad de Cittanova se realizó el 30 de mayo el Foro Internacional de Cineclubs, que sirvió como un espacio amplio para tratar algunos de los puntos de la coyuntura actual, así como los problemas que deberá afrontar el cineclubismo como movimiento global.

delegadosLa discusión se abrió con la propuesta de la FICC a la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo para la distribución entre los cineclubes de obras del patrimonio del cine. A pesar de que tanto en el mensaje de la FIAF como en las palabras de Gianni Comencini —presidente de la Fundazione Cineteca Italiana— se reconoció el trabajo complementario que realizan los cineclubes y las Filmotecas en todo el mundo por la difusión y conservación del patrimonio cinematográfico, no se pudo avanzar en mecanismo concreto de cooperación. Debido principalmente a las restricciones que plantean las leyes nacionales e internacionales sobre derechos de autor. Aparte de los merodeos retóricos del señor Comencini, lo único que quedó claro es que detrás de la exhibición de las obras del patrimonio del cine (y evidentemente no solo de éstas) hay grandes intereses comerciales que chocan directamente con los objetivos de los cineclubes.


La propuesta (aparentemente simple) de la FICC de recibir una copia de una película al año de la Cineteca Italiana para la distribución internacional entre los cineclubes, no parece fácilmente implementable ante los actuales y quizá futuros marcos legislativos de la distribución y exhibición del cine.

delegados
El debate sobre este tema siempre ha sido, y en esta ocasión no lo fue menos, candente y complejo. Los cineclubes actuales se enfrentan a una actitud cada vez más agresiva por parte de los dueños de los derechos de las películas para no permitir la exhibición sin ánimo de lucro o con fines culturales, que son la esencia de los cineclubes.

La dificultad del acceso a las copias y la presentación para los cineclubes estriba en que algunos distribuidores comerciales poseen los derechos de exhibición de una gran cantidad de películas del patrimonio del cine. Estos derechos se mantienen aún después de muchos años del estreno de las películas para aprovechar los posibles pases en la T.V. Como quien dice ni juegan, ni dejan jugar.

Según palabras del señor Comencini, para poder copiar una película y presentarla en los cineclubs es necesario verificar que no tenga derechos reservados de exhibición en cada uno de los países donde se fuera a presentar. Por tanto, cualquier proceso de copia o préstamo de las filmotecas está supeditado a acuerdos puntuales sobre cada película, cada país y el respectivo dueño de los derechos (si los hubiera). El caso se agrava con la postura de ciertos distribuidores, como Laurentis o Lombardo que son dueños de los derechos de exhibición de importantes piezas de la historia del cine y que se oponen explícitamente al uso cultural del patrimonio cinematográfico. Al final, el señor Comencini además de apoyar el proyecto de cooperación con la FICC en medio de todas las restricciones que se plantearon, sugirió, no sabemos si dando alguna esperanza o haciendo una sutil ironía, que para él en la legislación no hay nada que no se pueda arreglar, “lo digo como abogado”, agregó.

También mencionó la posibilidad de uso del DVD como una alternativa para evitar las múltiples limitaciones técnicas y económicas de la distribución del cine en formato de 35 mm. El DVD es el formato ideal para realizar una red de distribución de cine alternativa, fácil, barata y de calidad aceptable. Fueron sus palabras.

Sin embargo el joven formato digital tiene dos enemigos gigantes. Por un lado, para algunos la proyección usando DVD no es cine, y claro tienen razón. Por otro lado, en muchos países (de hecho en la mayoría pero en unos se nota más que en otros) la copia y exhibición de películas en DVD está expresamente prohibida. Además el formato no gusta a los productores ni a los distribuidores precisamente por las posibilidades de copia.

Lo que quedó en evidencia es la contradicción que se da entre la cada vez mayor disponibilidad de herramientas tecnológicas que facilitan muchos de los procesos de producción, distribución y exhibición del cine y las dificultades para acceder a las películas por las restricciones comerciales que se imponen sobre ellas. La contradicción se hace evidente cuando se prohíbe y penaliza el uso del DVD que sería una (y de hecho lo es en muchos lugares) alternativa a la distribución y exhibición de obras del patrimonio del cine, que valga decir, son parte del patrimonio cultural de la especie.

El infatigable Paolo Minuto, uno de los tres vicepresidentes de la FICC, se encargó de recordar al auditorio que uno de los principios históricos de los cineclubs es la defensa del derecho a usar los materiales que son parte de la historia del cine y presentarlos en espacios con fines culturales.

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En la misma línea intervino Salvatore Pinna, cineclubista y director de la Cineteca Sarda, para quien debería dejarse claro que las actividades de los cineclubes son una oportunidad de difusión del cine y no una amenaza económica. Finalmente llamó a los cineclubes a presentar lo que quieran. Allá cada uno, añadimos nosotros.

Aunque no se plantearon soluciones globales al problema si quedó en el aire la propuesta de Janine Bertrand de la Union National Inter Ciné-Clubs (UNICC) de Francia de promover la declaración de “derechos culturales” sobre las obras del patrimonio cinematográfico que permitan su libre uso en los cineclubes y cines sin ánimo de lucro. Igualmente recordó a los participantes, y con pruebas en la mano, que éste no es un problema nuevo. Al menos así lo atestiguaba un viejo periódico cineclubista de 1948, donde se hablaba de un posible acuerdo con la Federación Internacional de Archivos Cinematográficos (FIAF) para distribuir películas entre los cineclubes. Para esto también sugirió a los cineclubs asistentes enfocarse en las películas del patrimonio del cine y no tanto en las películas recientes.

La noción de derechos culturales se basa en el hecho de que los cineclubs son difusores del cine, no distribuidores comerciales. Los fines de los cineclubes siempre han sido, agregó enfáticamente, la apropiación, difusión y estudio de las películas en un espacio donde se pueda intercambiar información. El objetivo del cineclub es la formación del público, creando espacios para dar el gusto de deleitarse con el cine. En eso se diferencian radicalmente de las salas de cine comerciales. Por eso los cineclubes deberían luchar por una moción internacional que declarara los derechos culturales sobre las obras de la historia del cine. Fueron sus palabras finales.

issa foroHabría que agregar como bien puntualizó Issa Kabore de la Federation Burkinabe des Cine Clubs de Burkina Faso que en algunos países y ciudades, los cineclubes usando formatos diferentes al 35 mm. son la única forma que tiene la gente de acceder al cine, tanto para verlo como para aprender a hacerlo. Explicó la naturaleza de las actividades en su país natal, destacando la importancia del Festival Festpaco como generador de talleres y encuentros entre realizadores y aficionados al séptimo arte.

Sin embargo, la situación no es la misma en todas partes, y Lim Jae Cheol explicó que en Korea la realidad es que entre los usuarios de computadoras es muy popular el formato digital para las películas.

Algunas ideas, que ya son parte del ideario global de los cineclubes, resonaron en la sala con las palabras del representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia, quien sugirió que si los cineclubes quieren salirse del monopolio y la hegemonía que hay en el cine deberían usar sus propias redes, usar las posibilidades de las nuevas tecnologías, intercambiar películas en formatos digitales y crear redes independientes para la circulación de películas. Muchos llevamos muchos años preguntándonos el cómo de esas ideas.

Cuando tomó la palabra Gabriel Rodríguez de Mundokino.net (México), lo hizo para contextualizar la discusión dentro de una propuesta amplia para el estudio de los cineclubes, en donde el asunto que se estaba tratando era sólo un aspecto de un cuerpo mucho más grande de ideas, problemas y proyectos. La discusión sobre la distribución de las películas hace parte según él de un conjunto de problemas englobados dentro de la relación Estado/Cineclubs. paolo y massimoPero hay otros asuntos no menos importantes que no se deberían olvidar, como la discusión sobre el concepto de cineclub; la relación de los cineclubs con la crítica y la producción editorial; los cineclubs y las corrientes cinematográficas; los vínculos entre los cineclubs y el público; así como las relaciones entre la industria del cine y los cineclubs. En fin, el güey del DF, nos dejó muchas ideas que sugieren otras lecturas y trabajos. Habrá que ver si con el tiempo y el empeño de algunos es posible construir un mapa y una memoria del cineclubismo global que den cuenta de quiénes somos, qué hacemos, cómo, por qué y con quién.

A pesar de la falta de conclusiones concretas, Massimo Di Grandi, otro vicepresidente de la FICC, llamó a los cineclubes a consolidar un movimiento global en contra de la globalización económica del cine y a favor del reconocimiento internacional de la labor de los cineclubes en la difusión del cine. “Nosotros les estamos haciendo un favor a los productores y distribuidores de cine y ahora ellos nos llaman para pedir que les paguemos compensaciones por pérdidas”. Al final puntualizó “[uno de los] principios de los cineclubes es defender la creación y uso de los bienes culturales”.

La discusión quedó más que abierta.



Los retos y los restos de Pizzo

terrazaComo es habitual en un festival de cine y mucho más en medio de gente de tantos cineclubes, las sesiones y reuniones se prolongaron mucho más allá de la programación oficial. Ayudadas por el inconfundible Tartufo (helado propio de Pizzo), por las grapas y por una no desdeñable cantidad de cervezas, las experiencias de los cineclubes de todos los confines del planeta se dejaron oír, ver y leer. En los espacios que quedaban entre la exhibición de películas o en horas de la noche —cuando los vecinos de Pizzo se dejaban a sus sueños más profundos— se daban entre los cineclubistas pequeños talleres de cine, reuniones regionales, conversaciones sobre directores, películas, festivales, etcétera. Las listas de cintas y directores se apuntaban diligentemente en agendas y hojas sueltas.

Vale mencionar entre todas aquéllas, las reuniones de la delegación iberoamericana que cada vez toma mayor fuerza en el festival y en la FICC para buscar identidades, alianzas y proyectos comunes, y que se tomó la fiesta de despedida para volverla una zona de libre flujo de ideas y experiencias sobre el cineclubismo latinoamericano. Varios proyectos nacieron de estas reuniones, proyectos que podrán generar nuevas oportunidades al cineclubismo de nuestro continente. Está por verse.

Al final, con muy pocas horas de sueño y varios kilos de más entre revistas, documentos, tarjetas, afiches, libros y toda esa variopinta producción editorial de los cineclubes dejamos las calles de Pizzo Calabro para tomar cada uno, de nuevo, el rumbo hacia esos lugares donde cotidianamente se construyen los espacios alternativos del cine en el mundo de hoy. Bona cera

Enlaces Relacionados

Federación Internacional de Cineclubs

Festival Internacional de CineClubs


 
 
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