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Michael Winterbottom.
y el cine que puede ser
   

Por Mauricio Alvarez
     

Siete películas de Michael Winterbottom

Uno puede llegar a conclusiones muy diferentes sobre Michael Winterbottom como cineasta dependiendo de cuáles de sus hasta ahora 13 películas escoja para ver. Si uno comienza con Jude (1996), With our Without You (1998) o The Claim (2000) se podría llegar a pensar que se trata de un director de películas mainstream para la TV o de superproducciones con aire de cine de época.

Pero afortunadamente hay otro Winterbottom, uno del que se puede afirmar es un autor con mucha libertad de creación y cierto sentido de radicalidad formal. Ese es el Winterbottom de películas como Butterfly Kiss (1995), Wonderland (1999) o 24 HourParty People (2002).

Para esta retrospectiva hemos tomado un camino que puede ser considerado arbitrario, vamos a presentar sólo las pelis de Winterbottom que más nos gustan. Aquellas películas que nos hacen creer que Winterbottom es uno de los directores capaces de sugerir nuevos caminos y asumir ciertos riesgos dentro del panorama del cine contemporáneo. Aún dentro de la parcialidad de esta selección las películas de Winterbottom reflejan, lo que Deborah Allison ha señalado como, una de las características principales de su obra: la diversidad de modos de expresión, de medios narrativos y la mezcla de oposiciones de elementos: de documental y ficción, de lo narrativo y su contrario, de ironía y tragedia. [1]

A continuación va un recorrido por un mapa incompleto y personal por las películas que han hecho que Winterbottom tenga un lugar meritorio entre la gente que hace cine en estos tiempos.

El beso (asesino) de la mariposa.

El beso de la mariposa es la oposición a los modos aceptados del deseo. Cuando Eunice se desnuda ante su amante y compañera en la carretera vemos su cuerpo lleno de cadenas y ganchos, cruzada por todas partes por objetos metálicos, como si estos fueran una segunda capa de interconexión que mantuviera ligado su cuerpo, como si la piel le fuera insuficiente para mantenerlo contenido. Luego hay sangre, mucha sangre, y una profunda desesperación regada por la interminable autopista. Aquí el deseo se convierte en un acto de venganza contra el mundo, contra el abandono de dios según la protagonista. Y todo en la carretera. Ese lugar donde las películas se llenan de cierto aire de huida y abandono.

El deseo y el erotismo en El beso de la mariposa alcanzan un nivel de incomodidad similar al de 9 canciones, en donde las escenas explícitas más que buscar la excitación del espectador buscan dislocarlo mentalmente para que se ponga en las coordenadas sicológicas o sicóticas de los personajes. Sólo que en El beso de la mariposa a diferencia de 9 canciones, la clave la tiene el exceso, (de sangre y tragedia) y que opera a la manera de crítica corrosiva de la gente y de las sociedades que se auto consideran buenas.

Esta historia es contada en la voz de Wendy, su amiga, amante y compañera, como un relato post. Como desde la resaca de una orgía. Como se le habla a un siquiatra para intentar convencerlo de que en verdad no estamos locos. El beso de la mariposa es la rabia incontenible contra todo, que se derrama en víctimas ¿inocentes? junto a una autopista. Una road movie con aire punk, llena de violencia y ternura. Por acá comienzan los afectos con Winterbottom.

Welcome to Sarajevo

Vista desde ahora Welcome to Sarajevo puede considerarse como una película urgente. Winterbottom reconstruye en ella la historia de un reportero en Bosnia durante la guerra. Y era urgente porque en ese momento todo el mundo parecía congelado detrás de los televisores viendo cómo la guerra devastaba a toda una ciudad y a todo un país mientras los políticos repetían una y otra vez que todo estaba bajo control.

Lo de Winterbottom es una declaración en contra de la guerra y a favor de sus víctimas más inocentes, pero también una búsqueda dentro de las posibilidades de representación del cine. La película busca transmitir las condiciones y los sentimientos de esos seres, de esa ciudad, atrapados bajo el fuego de la guerra, sin tener que caer en una colección de buenas intenciones. Hacen parte de esa búsqueda el juego de texturas, el blanco y negro de los bombardeos y de los cuerpos desparramados en la calle junto al color de la historia de los personajes, así como transiciones entre el material documental y la ficción. Pasamos de uno a otro con poco aviso en lo que parece ser la intención de borrar los límites, al menos en la conciencia del espectador, para lograr que la guerra, ese ruido aterrador, esas imágenes oscuras, esas voces silenciadas, pueda aparecer, pueda ser vista y sino explicada por lo menos articulada con las insulsas declaraciones de los políticos de que todo está bajo control.

En esta películas se empiezan a anunciar el estilo de Winterbottom para expresar sus contenidos más políticos, jugar con historias y personajes reales, hacer con ellos un proceso creativo de ficción y luego llenar la películas de “efectos” documentales para intentar borrar la línea entre ambas formas y dejar que el espectador sea quien defina el límite hasta donde decide llevar lo real y lo ficticio. Welcome to Sarajevo anuncia de alguna manera lo que será In This World. Películas comprometidas con su tiempo pero también con el cine.

Tres ideas sobre Wonderland

Luego está Wonderland, en la modesta opinión de quien escribe, la mejor película de Winterbottom. Una peli de poca tensión narrativa, casi no hay historia que contar, se trata de dejar fluir a los personajes dentro de su ambiente, dentro de su ciudad y que su vida sea la que suscite sentimientos a quienes se dejan detrás de la pantalla. [2]

Wonderland es una película de la calle. Podría decirse que es la cinematografía de recorrer a Londres y mirarla desde la acera, Ver a la gente: adultos que ya no esperan nada más allá de un B-9 para ganar un bingo; la esposa que ya no se acuesta con el esposo; ella que se acuesta con otros que no la van a volver a buscar; la calle lanzando mensajes: aprende niño, estás sólo, nadie te va a salvar, tu papá está dormido, ¿tu mamá? tiene 29, todavía puede ser mujer, no hay que culparla. Ahí afuera van ellos, paseando su soledad en las calles húmedas. ¿Qué hay para contar? Ninguna historia. Solamente la vida, sola, de cualquier ciudad y el nacimiento de Alicia.

Wonderland es un retrato urbano, la agonía de las calles, el mundo ausente, la falta de alguien allá, acá, la inutilidad de la búsqueda, la autopista como dopping, caminar, montar en bus, joder, dejarse llevar, ir a ver Erarserhead de Lynch , asomarse a lo desconocido entre los millones de vecinos que miran sin ver; el último baile, el último polvo, el primer robo, la misma angustia.

Nuevamente Winterbottom juega con la representación de la realidad, la ciudad se presenta en un tono realista, el café, el parque, las luces de los edificios en las noches, la gente que camina. Según cuenta Winterbottom los lugares donde filmaban eran sitios reales en Londres con la gente que allí trabajaba, la peli se iba haciendo dentro del ritmo de la ciudad intentando no transformar demasiado lo que allí sucede. Un ritmo que Winterbottom explota, subrayando la soledad, la melancolía, el desaliento, todos esos lugares habituales de la urbe.

24 HourParty People

24 HourParty People espura diversión audiovisual: música y fiesta contados en un tono subjetivo. La película se cuenta, se analiza y se burla de sí misma. El montaje se discute ante la pantalla, escenas que no deberían quedar se insertan porque es bueno que queden y es bueno que el espectador sepa lo que pasó con ellas.

La historia de 24 HourParty People es la historia de un fracaso disparatado, la historia de un proyecto de apoyar la música radical y efervescente que surge desde adentro de una ciudad. La escena final del grupo sobre la azotea, sin un peso, con la resaca de años de fiesta y movida, pero ahora sin nada, es el mejor símbolo de la película. Si se quiere, también se puede ver como una declaración de principios, la terquedad en proyectos disparatados sólo lleva a la ruina. Pero no es ésta una película para sacar lecciones, es más bien una película para burlarse de aquéllos que no creen en esos proyectos disparatados.

Aquí el cine de Winterbottom alcanza un máximo, la película juega en varios niveles con el espectador, al parecer hay una historia qué contar, la música en Manchester desde el punk sex pistolero hasta las raves más under-house. Alguien podría encontrar un inicio, nudo y desenlace. Pero como dijo Godard cuando le aseguraron que hasta sus películas los tenían: "seguro que sí, pero no necesariamente en ese orden". Pero también está la construcción de la película, que a punta de auto referirse termina por mostrarse absurdamente falsa, lo que le confiere un extraño sentimiento de verosimilitud, porque aunque el entusiasta protagonista lo intente a cada momento, no alcanza a convencernos de que eso que sucede allí no es parte de la realidad; por lo menos de alguna que sea posible en un lugar de nuestra imaginación.

24 Hour podría ser entonces un falso musi-documental urbano irónico cómico radical. La técnica de Winterbottom consiste en crear un personaje lo suficientemente disparatado que lo permita todo: apariciones repentinas de dios o algunos de sus enviados en ovnis callejeros. Todo vale, todo puede ser parte de un documental sobre la guerra ideológica de una época en trance, sólo basta que haya alguna realidad que lo sustente y esa realidad puede ser el exceso de sus personajes, apoyado por el exceso del propio director. Todo vale, la basura de la cultura de cada época es el mejor material. El exceso como redención de la personalidad y, de paso, del cine.

In this World

Winterbottom, fiel a su máxima de no repetirse, huye de las ciudades británicas para encontrar un lugar donde firmar en las montañas cubiertas de nieve en la frontera entre Irán y Turquía. Allí tres niños caminan de noche. Hay una patrulla que vigila, la nieve es espesa, pasa una caravana de contrabandistas, hace frío, la policía hace disparos al aire, no se ve bien. Sobre todo, no se ve bien y no se ve bien porque la pantalla del cine se llena de granos, la oscuridad está pixelada, no hay luz suficiente, hay mucho movimiento de la cámara, se nota que hay tensión en la mano que la sostiene, (¿por qué tiemblan estas imágenes?, se preguntaría Chris Marker) la imagen se mueve cada vez más, pierde consistencia, lo que sucede se hace invisible. Sólo quedan los ruidos de los pasos en la nieve, la respiración agitada y los disparos de la policía que rompen, aunque mínimamente, la oscuridad producida por la niebla nocturna.

Lo político en In this World, así como lo formal y lo poético son una expresión de una estética radical. En ese punto es donde confluyen Winterbottom y su protagonista Jamal, ambos son espíritus inconformes. Hay cierta unidad de criterio entre ambos individuos y la película es el resultado de su encuentro. In this World como una road movie de búsquedas polvorientas por caminos ilegales.

Winterbottom juega con la realidad, Jamal interpreta su propio papel, silencioso en su búsqueda errante, exponiendo ante sí cierto vacío del mundo. El viaje de Jamal con Winterbottom recorre las montañas, caminos y puertos que otros como Jamal han recorrido y recorrerán, pero no haciendo películas, y Winterbottom lo cuenta como si no fuera una película de ficción. La cámara movida, las escenas oscuras en la noche, la llegada a las ciudades, todo parece funcionar a su propio ritmo. No sabemos dónde está la frontera entre Jamal y su personaje –lo que nos recuerda a los hermanos Dardenne con La promesa,y ese tipo de películas que juegan con la realidad, como provocándola para que se exhiba.

La huida de Jamal es una apertura, parte de él se queda pegado en los hoteles de mala muerte de los pueblos que asoman junto a la carretera, o en las cabras que caminan desprevenidas a medio camino entre pueblos alejados, o en el polvo amarillento que queda al paso de los camiones en el atardecer iraní. El vértigo de la línea dibujada sobre la carretera es el mismo que en Lost Highway. Jamal es un fugado, un escapado y Winterbottom su colega con una cámara.


Code 46.

Se ha dicho en ocasiones que la ciencia ficción es ante todo un género sociológico, es decir intenta revelar los problemas de los humanos como entidad conjunta y no como unidades sicológicas independientes. En Código 46 Winterbottom saca partido de esta máxima. Detrás un drama bastante convencional, algunos podrían decir que de telenovela, entre una pareja que se conoce mientras el uno investiga al otro, se esconde una reflexión sobre el futuro del mundo, que es como siempre una reflexión aumentada sobre el presente. En ese futuro las ciudades, ¿los países? son verdaderas fortalezas, en donde sólo unos pocos pueden vivir, en donde los controles de movimiento han llegado a cumplir los sueños del Gran Hermano; el resto vive afuera en los desiertos calurosos y polvorientos, que es en lo que se ha convertido la mayor parte del planeta. Allí obviamente sólo se vive con mucho dinero o con mucho trabajo y en las entradas a la fortaleza están los outsiders buscando cómo entrar, vendiéndolo todo por una tarjeta de entrada. Los que están adentro viven organizadamente dentro de gigantescas estructuras de metal y cristal que protegen del sol y del viento. Adentro y afuera se habla una nueva lengua, mezcla de viejas lenguas que se hablaban en los antiguos territorios. Sólo queda una, que bien podría ser la neolengua.

Adentro todo parece estar bajo control pero, como siempre, el sistema tiene un fallo, seres anómalos que no soportan la uniformidad y la arbitrariedad y que juegan, por amor o por dinero, en contra de las reglas que rigen el estricto orden que controlan los maniáticos que están en el poder.Gente que se salta las vallas, que pasa por donde dice prohibido el paso. Y entonces el juego milenario se activa, unos a la caza de otros y los otros a la huida o al mimetismo. Allí en ese contexto sitúa Winterbottom la relación de sus protagonistas, que hay que reconocerlo es un poco forzada. Pero el final libra las expectativas de los más escépticos dejando en la boca el sabor de la derrota, en donde el control del sistema se ha vuelto a recuperar y los otros, sobretodo ella, quedan expulsados del mundo, lanzados al underground más inhóspito.

Así como en la serie de la Fundación de Asimov o en el mismo 1984, lo realmente valioso en Código 46 es la descripción del estado del mundo cuando el autoritarismo o el control social son llevados al máximo. Esa descripción sirve como espejo que nos devuelve una imagen de nuestro tiempo, casi como una advertencia. Código 46 está emparentada más que ninguna otra con In this world. Se puede decir que la primera es una exageración futurista de la segunda. Aunque viéndolo bien, ni tan exagerada.

9 canciones

En un documental sobre el porno en España [3] García Berlanga afirma que la diferencia entre el erotismo y el porno es que a una película se le declara como lo primero si la hacen los ricos y como lo segundo si la hacen los pobres. Según se pudo leer, 9 canciones suscitó cierto debate en su país de origen porque entre los críticos de cine y entre esa especie moderna de censores que son los que dan “clasificación” a las películas, no había consenso sobre el carácter erótico o pornográfico de la película. Los más conservadores directamente la llamaron pornografía, pero es difícil imaginarse a una sala X del centro de Medellín pasando 9 canciones. Los clientes asiduos se quejarían, que qué es ese drama lacrimógeno, que eso es una versión erótica de la serie musidramas pero con grupos de rock ingleses, que con esa película no es posible excitarse lo suficiente como para masturbarse en el baño o en las bancas laterales de la sala de cine.

Y aquí está el centro del asunto. 9 canciones es una película de quiebres. El sexo es explícito, no hay duda, y eso es algo que se celebra, porque en verdad la mayoría del cine aburre con su mojigatería sexual: cuerpos envueltos en sábanas blancas, luces de colores rojos, un par de manos que se aprietan, mucho misionero y pocos objetos, escenas cortadas, cuerpos semidesnudos, etc. Pero esarepresentación explícita está cortada por el tono de la película que favorece más cierta forma de la nostalgia que la excitación.

Lo de Winterbottom es también una especie de desafío a las buenas costumbres del cine. Y ahí plantea un interesante problema que ya había expresado Bataille: que no es posible hacer un estudio científico del erotismo porque el sexo reclama para sí una participación extrema de los involucrados. Es decir el sexo en el cine, cuando sucede en realidad, cuando se practica y ejecuta,siempre será, de alguna forma, documental. Lo que pasa es que el porno más callejero lo lleva al extremo, donde lo fingido se impone sobre lo real. En esto es donde está lo más interesante de 9 canciones, hay cierto aire documental, de documental de lo íntimo, de lo secreto, pero (parece) sin fingir al extremo. La escena de la mamada es brillante por su movimiento lento y su limpio desenlace, pues no recurre a arrebatos o aullidos chillones.

Pero a la vez 9 canciones difiere de eso que a veces llaman cine erótico (que un adolescente desencantado podría definir como cine donde sólo muestran las tetas), porque no hay un hilo narrativo fuerte. Comparte con el porno ese estilo en donde la historia es un simple agregado de lo que sucede en la cama o en cualquier otra parte. En 9 canciones la historia es simple y quizá accesoria, una pareja, unos conciertos y muchos polvos. Una película simple con cierta carga de melancolía que la pone la música, no de la de los conciertos, sino la que suena escondida cuando la pareja está entregada a las artes amatorias. Hay un sonido que evoca la soledad, el abandono. Sólo por eso, 9 canciones no es una película porno. Esa música es la que no deja que un asiduo cliente de los cine porno del centro de la ciudad pueda masturbarse tranquilo. Esa melancolía es antisexual. Quizá por eso en mi ciudad sólo pasaban 9 canciones en un cine, que no era porno, en la sesión de las 12:00 de la noche, a donde sólo van los que no tienen nada que hacer en las madrugadas.

Sin final feliz

Winterbottom parece estar siempre dispuesto a no repetirse, a probar múltiples terrenos formales y estilísticos, incluso darse un pase por el mainstream, la tv y las grandes producciones. El riesgo es que algo de eso se le pegue. Parece increíble que The Claim sea una película suya y Código 46 tiene ya un estilo bastante cercano a la narrativa dominante. 9 canciones es más radical en su cuestionamiento a ciertos modales del cine, pero pareciera quedarse simplemente en esto. Desde hace varios años hemos seguido con atención la obra de Winterbottom porque en ella hemos sentido el aliento de la libertad creativa y de la rebeldía del espíritu, pero también hemos visto los resultados de su ausencia. La expectativa se mantiene, pero hemos de reconocer a tiempo que no tenemos dioses en el cine.

[1] Deborah Allison.Michael Winterbottom. Senses of cinema.
http://www.sensesofcinema.com/contents/directors/05/winterbottom.html

[2] Basado en la reseña de Wonderland por Mauricio Alvarez.

[3] La mirada impúdica. Fernando Borrero. España. 2005

Información adicional
Reseña de 24 hour party people.
Reseña de I want you.
Artículo sobre In this world.
Reseña de Wonderland.
Filmografía de Michael Winterbottom en imdb