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El underground nunca
muere |
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| Por: Mauricio Alvarez |
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| Está duro el
cambalache. Juan David Arboleda. Colombia. 2002. 56 min. |
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"Y si esta raza de
gallinazos barbaos no existiera, yo no me explico cómo
podría funcionar este circo de las verdades y las mentiras que
llaman Medellín." Carlos Sánchez Ocampo. El
contrasueño.
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| La calle. Afuera, siempre
afuera, la vida está allí. Puedes sentir el movimiento,
el agite, el feeling de las avenidas. Puedes vivir afuera. La calle, un
lugar para vivir, dormir, morir, sobrevivir, hacer negocios, hacer el
amor, hacer pipí. Urea, sangre y aceite fluyen desde el borde de
las aceras hacia las cataratas de la alcantarilla. |
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| La calle, la vía,
la autopista. Centro de Medellín. Centro del centro.
Bolívar a lost highway. Bolívar despedazada por monstruos
de concreto y hierro y electricidad. Medellín intensa, warning:
alto voltaje. No tocar. |
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| Bolívar: avenida,
territorio, mapa, supermercado. El Cambalache: zona, plaza, barrio,
pueblo, ghetto, esquina, parche, tienda. Seres de la vía,
outsiders, cambalacheros les dicen, se dicen. Bolívar y el
Cambalache: lugar para ir de compras, am pm, mercado al aire
-¿libre? Puedes satisfacer tus deseos de consumismo marginal: la
muñeca sin piernas que tanto te desvela, casetes con más
de una vida en sus cintas, un ajedrez con las fichas suficientes para
un juego decente, el motor de una lavadora, un joystick de atari (solo
para coleccionistas), una tuerca insustituible, el "original" de
Garganta Profunda en betamax (in memoriam), unos zapatos casi de tu
talla, un imán usado de primera y una cámara de video
(parece en buen estado, ¿están grabando?). |
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| Gastas, consumes, oferta,
demanda, contraoferta, infrademanda. El mercado de la calle no tiene
leyes, todo vale lo que tengas, lo que puedas, lo que sirva: todo se
vende, lo que tengas, lo que encuentres, lo que pierdas. Consigues lo
que quieras, solo depende de la hora, am, pm. Mercado al aire, a la
calle, a la noche. |
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| Aparece alguien con una
cámara, Juan, Papo, un mancito, le dicen. Sabe mirar, ve. Una
cámara, unos ojos, una bicicleta y la calle, la avenida, siempre
las avenidas. Ese alguien se detiene, se baja, mira, escucha, graba. |
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| Se podría decir que
todo está ahí, sólo hay que saber mirar, claro,
todos estamos ahí, metidos en esto hasta el cuello.
¿Esto? El cambalache, vender, comprar, sobrevivir. Y claro, la
calle está dura. Todas las calles tienen sus durezas pero
también sus rincones blandos. ¿Has dormido sobre el
pavimento? Debes acariciarlo para que puedas hallar su ternura, ternura
de las noches alumbradas de semáforos intermitentes, navidad
permanente de las calles. Pero la calle, Bolívar, el Cambalache,
ellos, nosotros, el asunto está duro. Las calles siempre tienen
dueño, la vía pública es privada. Y te sacan, te
patean el culo, botan a la basura lo que sacaste de la basura. Pero la
cámara grabando, las paredes también hablan (sapos hp). |
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| En el cambalache el
outsider permanece, esa es su esencia, resiste, ocupa, puebla. El
Cambalache está en el centro pero está al margen, lo
mantienen las tuercas olvidadas en las basuras, los radios viejos que
tiras por la ventana del auto, las sobras, los que sobran para otros
pero no se sobran a sí mismos. El cambalache se mantiene,
underground not dead y también se ve. El cambalache es cine, una
película, un documental. |
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| Y ahí estás
en la pantalla gigante. Las ciudades olvidan, te atracan los recuerdos,
pero la cámara funciona: play, rec, stop, grabando. Y ahí
están, estamos, un poco a salvo de la amnesia. Las
películas, te lo aseguro, no se olvidan, la realidad puede que
sí. |
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