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El cine puede ser peligroso para la salud. ¿Quién
te puede dar más miedo que tú mismo?
Iván Zulueta
0) Zulueta
Iván Zulueta es
una misteriosa caja de sorpresas. Su nombre no brilla dentro del cine
español, se trata de un cineasta en la periferia o en la
sombra, se llega a él por referencias no por anuncios. Y no
podría ser de otra forma, Zulueta es un creador al margen, sus
películas están llenas de personajes que han roto con
su tiempo, buscadores del punto de quiebre por donde la realidad
muestra su faceta más intensa y genuina, seres resquebrajados
que no pueden vivir en armonía con esos otros que viven tan
organizados y tan cumplidores de sus deberes, personajes que
encuentran en las drogas duras y blandas aliados para viajar en el
tiempo, para llegar a otras edades y otros sitios, seres alucinados
con el cine que buscan fundirse con su obra, seres a los que se les
ha derretido la consistencia de la realidad.
Sus películas no
son tanto historias de esos personajes sino las atmósferas y
los ambientes en donde se desenvuelven sus vidas. Su cine es sucio
como las páginas de Burroughs. Obras que contaminan, retratos
de seres en unos casos marginales, en otros unos perfectos
antisociales, pero siempre seres en la búsqueda del momento
extático. Su cine corrosivo juega en la frontera entre la
experiencia de un mundo más intenso que éste, como el
que anuncian los alucinógenos de todos los tipos, y el cine de
género de bajo presupuesto. Se puede leer como un desafío
existencial o como una broma burlesca de ciertas convenciones del
cine y la vida social. Cada uno elige.
i) Quiero que
me expliques que es lo que tengo que hacer para filmar el ritmo
preciso, ¿tú sabes qué hacer con la pausa? La
pausa es el telón de Aquiles, el punto de fuga, nuestra única
oportunidad. *
El ritmo preciso, el
tiempo para dejar que una imagen pueda expresarse, para que pueda
decir algo más allá de sí misma, la fuga, ¿hacia
dónde? ¿Qué otros territorios hay más
allá de una secuencia? ¿Más allá de una
película? Una oportunidad se abre en cada película, en
cada fotograma, pero sólo con la pausa, con el silencio del
movimiento se puede acceder a ella. Pedro (interpretado por un mágico
Will More) filma lo que está a su alrededor, caballos, techos
de las casas, las nubes pasajeras, su cámara tiembla y se
mueve, hay mucha tensión en sus manos, en su mirada, él
quiere atrapar las imágenes que lo hagan fluir, salirse de sí
mismo, llegar al arrebato.
ii) Cuánto
tiempo te quedabas viendo esta lámina de cromo. ¿Años?
¿Siglos? ¿Toda una mañana? Imposible saberlo.
Estabas en plena fuga. Éxtasis. Colgado en plena pausa.
Arrebatado.
No todos conocen ese
ritmo, no todos han logrado salirse con las imágenes, no se
necesita mucho, sólo cierta capacidad de ruptura. Los niños
lo hacen todo el tiempo, destrozan el tiempo para construir otro
espacio y otro tiempo, donde el tiempo deja de volverse un cuchillo y
se vuelve una piscina, un lago, una pradera. Se puede empezar con las
imágenes más pequeñas, si se quiere las más
inocentes, allí está la puerta, el túnel por
donde salirse. Uno que abría tan fácil esas puertas
ahora tiene que buscar el ritmo y las imágenes precisas para
volver a hacerlo. Imágenes y tiempo, ritmo y color. Cine que
saca, que apunta a algo que está afuera.
iii) Hace un mes que
no como y tengo que comer. Un mes según los demás, para
mí un día. ¿Comprendes o no comprendes? Un día
tranquilo, sin tensiones ni polvitos, te parecerá un coñazo,
pues no, ¿me sigues o no me sigues? ¡Cielos! que hambre
tengo ahora y sed. Total un siglo es un siglo. Tiremos la casa por la
ventana.
Ciertos objetos pueden
arrebatar, las muñecas con las que jugaste cuando eras niño,
una goma pegajosa de color oscuro que se estira y se desliza. Ciertas
imágenes pueden arrebatar, el fluir del agua por el río,
la lluvia, las flores, las nubes pasajeras, los caballos en el campo.
Todo fluyendo en un tiempo nuevo, acelerado, encogido, porque con la
cámara somos dueños de otro tiempo, de una velocidad de
escape por donde se puede arrojar todo al vacío.
iv) Hay que tener en
cuenta que yo todavía creía en las cámaras que
filman, en las cosas filmadas y en los proyectores que
proyectan....el espejo abrirá sus puertas y veremos el..., el
... lo otro.
El cine y la realidad
siempre peleándose, el uno queriendo robar a la otra y la otra
escabulléndose de él e infiltrándose en el
primero. Porque hay muchos juegos, algunos terribles, donde la
realidad y el cine toman otras relaciones, donde una cosa no es
siempre esa cosa. En una imagen puede haber más cosas de las
que parece, un fotograma distinto que el ojo no percibe pero que
detecta. En una pantalla se pueden ver muchas cosas, sólo hay
que estar allí con los ojos abiertos, una película no
es nunca la misma, sólo hay que estar allí varias
veces. Sólo hay que ir herido de alguna forma al cine o a la
pintura o a la música o a la literatura. Sólo hay que
perseguir puntos de fuga, velocidades de escape, ángulos de
ruptura, señales de salida. Y las cosas se vuelven fluir en el
tiempo, al otro lado aparecen voces y las cosas brillan con otra luz,
otra mirada recorre otro mundo. Aparecen pirámides,
rascacielos, ciudades de ritmos trepidantes, campos de flores y
hierba, calles con gentes anónimas, ciudades luminosas y
bulliciosas en las noches y el atardecer se vuelve amarillo.
v) Segovia Madrid
resultó Venus Plutón. Las velocidades se sumaban,
restaban, multiplicaban, tantos ritmos, todos distintos, nunca vistos
por mí, sí presentidos, eran los de siempre en
realidad, sólo que a favor no en contra.
Trenes que recorren
ciudades, vertiginosas apariciones de imágenes, otro ritmo,
nuevamente otro ritmo, la realidad sucede siempre en ritmos
diferentes y sólo quien tiene la clave de la pausa los puede
penetrar, adherirse a ellos y hacerlos hablar. Miles de realidades
simultáneas, todas viviendo a la vez, unas bajo otras como
capas de recuerdos. Pero sólo quien puede parar todo un
momento puede tomar una de ellas, algunas muy escondidas revelan
secretos, hablan, dicen cosas del mundo en que uno mismo está
metido. Pueden volverse aliados.
vi) ¿Has visto
ese fotograma rojo? Es como si la cámara se hubiese negado a
fotografiar. Ahora sólo quería más de eso. Pero
¿qué era eso? Podría tratarse de algún
aliado de mi infancia. Aquel fotograma rojo ¿era una
coincidencia o se trataba de una incompatibilidad entre la película
y mi arrebato? El cine y yo volvíamos a ser cómplices.
Pero ¿cómplices de qué?
Afuera los otros siguen
el plan como sonámbulos, no hay que juzgarlos, simplemente
cerrarles todas las puertas, no permitir que entre su ruido. Se trata
de llegar al contacto propio, a reconocer las fuerzas que actúan,
darles poder, dejarlas ser y hacer, nuevas imágenes nunca
soñadas hacen su aparición, parecen salir de adentro
como sueños que pudieran proyectarse en una pantalla. Ya no
se trata de buscar el punto de fuga, se trata de hacerse uno con la
fuga, de vivir allá, de hacer cosas, de pintar cuadros,
contener el mundo en colores, en secuencias, curarse con visiones,
ver las redes que se tejen en las nubes pasajeras, dar grandes
saltos, retratar el vértigo, mirar el cuerpo propio a la vez
con naturalidad y estupefacción. Soñar con zambullidas
en aguas profundas. Pero como dice Zulueta “con los aliados hay que
saber jugar”.
vii)Yo siempre había
sabido que el cine y yo planeábamos algo especial, basado en
confianzas mutuas, o más bien, al menos en mi caso, idolatrías
totales, pero había hecho falta estar al borde del abismo para
enterarse de lo que pasaba.
Arrebato es una
película sobre los desbordamientos, el aislamiento, la
entrega, la revelación y las “erupciones monstruosas” en
la resolución de una creación. Habla del cine como uno
de esos conflictos que se vuelven un callejón con pocas
salidas, habla de ciertas miradas del mundo que operan como
detonantes de mundos latentes que una vez activados se resisten al
silencio y buscan una forma, un lenguaje, una expresión para
poder salir al mundo al cual pertenecen.
Al fondo hay graznidos de
pájaros, canciones infantiles, ruidos rítmicos con
periodo creciente. Se trata de un problema de ritmo, de parar el
mundo, de moverlo más rápido, de usar el cine como una
vía para encontrar rendijas por las que uno pueda salirse,
llegar a la pausa, a la fuga plena, al arrebato. También se
trata de un juego.
En el fondo, se trata
de la intensidad de la relación entre la obra y el espectador.
Y eso con el cine es tremendo. Una película te puede atacar
como pocas cosas te atacan. Y si los nuevos artistas no tocan el Cine
como materia es porque exige mucho sometimiento. Sin embargo, de las
grandes presiones surgen también las erupciones monstruosas.
Hacer una película es el máximo puzzle, la máxima
dificultad, la máxima satisfacción. (Iván
Zulueta)
* (Todos los textos
tomados de las palabras de Pedro en Arrebato)
Información adicional
Filmografía de Iván Zuleta en Imdb.com
Conversación con Iván Zuleta
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