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Arrebato

  D: Iván Zulueta. España.1980. 105 min. Español


Por: Mauricio Alvarez
 

El cine puede ser peligroso para la salud.

¿Quién te puede dar más miedo que tú mismo?
Iván Zulueta

0) Zulueta
Iván Zulueta es una misteriosa caja de sorpresas. Su nombre no brilla dentro del cine español, se trata de un cineasta en la periferia o en la sombra, se llega a él por referencias no por anuncios. Y no podría ser de otra forma, Zulueta es un creador al margen, sus películas están llenas de personajes que han roto con su tiempo, buscadores del punto de quiebre por donde la realidad muestra su faceta más intensa y genuina, seres resquebrajados que no pueden vivir en armonía con esos otros que viven tan organizados y tan cumplidores de sus deberes, personajes que encuentran en las drogas duras y blandas aliados para viajar en el tiempo, para llegar a otras edades y otros sitios, seres alucinados con el cine que buscan fundirse con su obra, seres a los que se les ha derretido la consistencia de la realidad.

Sus películas no son tanto historias de esos personajes sino las atmósferas y los ambientes en donde se desenvuelven sus vidas. Su cine es sucio como las páginas de Burroughs. Obras que contaminan, retratos de seres en unos casos marginales, en otros unos perfectos antisociales, pero siempre seres en la búsqueda del momento extático. Su cine corrosivo juega en la frontera entre la experiencia de un mundo más intenso que éste, como el que anuncian los alucinógenos de todos los tipos, y el cine de género de bajo presupuesto. Se puede leer como un desafío existencial o como una broma burlesca de ciertas convenciones del cine y la vida social. Cada uno elige.

i) Quiero que me expliques que es lo que tengo que hacer para filmar el ritmo preciso, ¿tú sabes qué hacer con la pausa? La pausa es el telón de Aquiles, el punto de fuga, nuestra única oportunidad. *
El ritmo preciso, el tiempo para dejar que una imagen pueda expresarse, para que pueda decir algo más allá de sí misma, la fuga, ¿hacia dónde? ¿Qué otros territorios hay más allá de una secuencia? ¿Más allá de una película? Una oportunidad se abre en cada película, en cada fotograma, pero sólo con la pausa, con el silencio del movimiento se puede acceder a ella. Pedro (interpretado por un mágico Will More) filma lo que está a su alrededor, caballos, techos de las casas, las nubes pasajeras, su cámara tiembla y se mueve, hay mucha tensión en sus manos, en su mirada, él quiere atrapar las imágenes que lo hagan fluir, salirse de sí mismo, llegar al arrebato.

ii) Cuánto tiempo te quedabas viendo esta lámina de cromo. ¿Años? ¿Siglos? ¿Toda una mañana? Imposible saberlo. Estabas en plena fuga. Éxtasis. Colgado en plena pausa. Arrebatado.
No todos conocen ese ritmo, no todos han logrado salirse con las imágenes, no se necesita mucho, sólo cierta capacidad de ruptura. Los niños lo hacen todo el tiempo, destrozan el tiempo para construir otro espacio y otro tiempo, donde el tiempo deja de volverse un cuchillo y se vuelve una piscina, un lago, una pradera. Se puede empezar con las imágenes más pequeñas, si se quiere las más inocentes, allí está la puerta, el túnel por donde salirse. Uno que abría tan fácil esas puertas ahora tiene que buscar el ritmo y las imágenes precisas para volver a hacerlo. Imágenes y tiempo, ritmo y color. Cine que saca, que apunta a algo que está afuera.

iii) Hace un mes que no como y tengo que comer. Un mes según los demás, para mí un día. ¿Comprendes o no comprendes? Un día tranquilo, sin tensiones ni polvitos, te parecerá un coñazo, pues no, ¿me sigues o no me sigues? ¡Cielos! que hambre tengo ahora y sed. Total un siglo es un siglo. Tiremos la casa por la ventana.
Ciertos objetos pueden arrebatar, las muñecas con las que jugaste cuando eras niño, una goma pegajosa de color oscuro que se estira y se desliza. Ciertas imágenes pueden arrebatar, el fluir del agua por el río, la lluvia, las flores, las nubes pasajeras, los caballos en el campo. Todo fluyendo en un tiempo nuevo, acelerado, encogido, porque con la cámara somos dueños de otro tiempo, de una velocidad de escape por donde se puede arrojar todo al vacío.

iv) Hay que tener en cuenta que yo todavía creía en las cámaras que filman, en las cosas filmadas y en los proyectores que proyectan....el espejo abrirá sus puertas y veremos el..., el ... lo otro.
El cine y la realidad siempre peleándose, el uno queriendo robar a la otra y la otra escabulléndose de él e infiltrándose en el primero. Porque hay muchos juegos, algunos terribles, donde la realidad y el cine toman otras relaciones, donde una cosa no es siempre esa cosa. En una imagen puede haber más cosas de las que parece, un fotograma distinto que el ojo no percibe pero que detecta. En una pantalla se pueden ver muchas cosas, sólo hay que estar allí con los ojos abiertos, una película no es nunca la misma, sólo hay que estar allí varias veces. Sólo hay que ir herido de alguna forma al cine o a la pintura o a la música o a la literatura. Sólo hay que perseguir puntos de fuga, velocidades de escape, ángulos de ruptura, señales de salida. Y las cosas se vuelven fluir en el tiempo, al otro lado aparecen voces y las cosas brillan con otra luz, otra mirada recorre otro mundo. Aparecen pirámides, rascacielos, ciudades de ritmos trepidantes, campos de flores y hierba, calles con gentes anónimas, ciudades luminosas y bulliciosas en las noches y el atardecer se vuelve amarillo.

v) Segovia Madrid resultó Venus Plutón. Las velocidades se sumaban, restaban, multiplicaban, tantos ritmos, todos distintos, nunca vistos por mí, sí presentidos, eran los de siempre en realidad, sólo que a favor no en contra.
Trenes que recorren ciudades, vertiginosas apariciones de imágenes, otro ritmo, nuevamente otro ritmo, la realidad sucede siempre en ritmos diferentes y sólo quien tiene la clave de la pausa los puede penetrar, adherirse a ellos y hacerlos hablar. Miles de realidades simultáneas, todas viviendo a la vez, unas bajo otras como capas de recuerdos. Pero sólo quien puede parar todo un momento puede tomar una de ellas, algunas muy escondidas revelan secretos, hablan, dicen cosas del mundo en que uno mismo está metido. Pueden volverse aliados.

vi) ¿Has visto ese fotograma rojo? Es como si la cámara se hubiese negado a fotografiar. Ahora sólo quería más de eso. Pero ¿qué era eso? Podría tratarse de algún aliado de mi infancia. Aquel fotograma rojo ¿era una coincidencia o se trataba de una incompatibilidad entre la película y mi arrebato? El cine y yo volvíamos a ser cómplices. Pero ¿cómplices de qué?
Afuera los otros siguen el plan como sonámbulos, no hay que juzgarlos, simplemente cerrarles todas las puertas, no permitir que entre su ruido. Se trata de llegar al contacto propio, a reconocer las fuerzas que actúan, darles poder, dejarlas ser y hacer, nuevas imágenes nunca soñadas hacen su aparición, parecen salir de adentro como sueños que pudieran proyectarse en una pantalla. Ya no se trata de buscar el punto de fuga, se trata de hacerse uno con la fuga, de vivir allá, de hacer cosas, de pintar cuadros, contener el mundo en colores, en secuencias, curarse con visiones, ver las redes que se tejen en las nubes pasajeras, dar grandes saltos, retratar el vértigo, mirar el cuerpo propio a la vez con naturalidad y estupefacción. Soñar con zambullidas en aguas profundas. Pero como dice Zulueta “con los aliados hay que saber jugar”.

vii)Yo siempre había sabido que el cine y yo planeábamos algo especial, basado en confianzas mutuas, o más bien, al menos en mi caso, idolatrías totales, pero había hecho falta estar al borde del abismo para enterarse de lo que pasaba.
Arrebato es una película sobre los desbordamientos, el aislamiento, la entrega, la revelación y las “erupciones monstruosas” en la resolución de una creación. Habla del cine como uno de esos conflictos que se vuelven un callejón con pocas salidas, habla de ciertas miradas del mundo que operan como detonantes de mundos latentes que una vez activados se resisten al silencio y buscan una forma, un lenguaje, una expresión para poder salir al mundo al cual pertenecen.

Al fondo hay graznidos de pájaros, canciones infantiles, ruidos rítmicos con periodo creciente. Se trata de un problema de ritmo, de parar el mundo, de moverlo más rápido, de usar el cine como una vía para encontrar rendijas por las que uno pueda salirse, llegar a la pausa, a la fuga plena, al arrebato. También se trata de un juego.

En el fondo, se trata de la intensidad de la relación entre la obra y el espectador. Y eso con el cine es tremendo. Una película te puede atacar como pocas cosas te atacan. Y si los nuevos artistas no tocan el Cine como materia es porque exige mucho sometimiento. Sin embargo, de las grandes presiones surgen también las erupciones monstruosas. Hacer una película es el máximo puzzle, la máxima dificultad, la máxima satisfacción. (Iván Zulueta)

* (Todos los textos tomados de las palabras de Pedro en Arrebato)

Información adicional
Filmografía de Iván Zuleta en Imdb.com

Conversación con Iván Zuleta