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Dni zat meniya (Días de eclipse)

  D: Alexandr Sokurov. Unión Soviética. 1988. 133 min.


Por: Wilson Montoya
 

El fin de algo está cerca.

Despiertas un día y te encuentras en Turkmenistán rodeado de locos y reptiles, tu ropa se pega al cuerpo gracias a los 40° a la sombra de este paraíso infernal, te encuentras en el sitio y momento en donde el viento y la lógica no alcanzan a llegar, lo apocalíptico se materializa en la árida cotidianidad de tus días, el teléfono no para de sonar, suena, suena, sigue sonando, el doctor Malianov no parece escuchar nada y sigue ensimismado en su investigación ¿Qué podría interrumpir a la ciencia? ¿Tú hermana? ¿Un mensaje misterioso de un ser que ya no lo es? ¿Acaso un rebelde-terrorista se atrevería a hacerlo? 
Días de eclipse (1988), cinematografía al 99%, el 1% es el texto que la inspira, Mil millones de años hasta el fin del mundo de los hermanos Arkadi y Boris Strugatsky, también culpables de esa otra rareza sofisticada que es el Stalker (1979) de Tarkovsky, tanto el maestro como Sokurov plasman una atmósfera exasperante, ¿la historia? Es lo de menos, si acaso una disculpa pues el cine, si pretendo serlo realmente, debe dejarse llevar por su instinto, por sus mandatos inconcientes, por la lógica de la imagen y no del texto o la anécdota.
Quien quiera hacer una sinopsis diciente de lo que trata Días de eclipse se verá en problemas, pues el filme en cuestión no sigue una estructura narrativa convencional, sus personajes van apareciendo y desapareciendo sin que tengamos mayores explicaciones al respecto, todo lo tenemos que ir entretejiendo nosotros mismos como espectadores ávidos de saber que es lo que pasa, y es talvez esto lo que nos propones Sokurov, una obra que aunque muy bien acabada visualmente, debe ser completada con nuestra interpretación convirtiéndonos a nosotros en otra clase de espectadores, en espectadores activos; Es por esto mimo que Días de eclipse se presta para las más diversas opiniones y hasta especulaciones, los más osados hablan de ella como una obra premonitoria de los cambios políticos y sociales de la Unión Soviética de entonces, el desmoronamiento del bloque comunista que tuvo su estocada final con la caída del muro de Berlín, en fin, un verdadero giro de 180°, para muchos en fin de muchas cosas, el fin de sus mundos.
Algo a destacar en la obra es la mezcla excepcional que se logra de las imágenes meramente documentales con la ficción, el comienzo de la película nos introduce a ese pueblo dejado de la mano de Dios mediante un plano aéreo que recorre el pueblo, pareciese que por alguna razón extraña tuviéramos que  caer en aquel lugar, al cual efectivamente llegamos de bruses, al igual que el doctor Malianov.
La música es otro elemento clave para lograr la atmósfera que esta obra consigue, compuesta por Yuri Khanin quien propone una partitura que juega con la música folclórica del Asia Central la cual termina distorsionándose completamente y convirtiéndose en un sonido agudo e inquietante, talvez las notas musicales también sufran una especie de trastorno al enfrentarse a la aridez de este pueblo.
Nos  encontramos entonces frente a una obra “Rara”, no se si tal adjetivo sea bueno o malo, aunque si se que tal calificativo se queda corto para sintetizar los ambientes extraños que el ya maestro Sokurov nos propone.

Información adicional 

Filmografía de Alexander Sokurov en Imdb.com