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El fin de algo está cerca. Despiertas
un día y te encuentras en Turkmenistán rodeado de locos y
reptiles, tu ropa se pega al cuerpo gracias a los 40° a la sombra
de este paraíso infernal, te encuentras en el sitio y momento en
donde el viento y la lógica no alcanzan a llegar, lo
apocalíptico se materializa en la árida cotidianidad de
tus días, el teléfono no para de sonar, suena, suena,
sigue sonando, el doctor Malianov no parece escuchar nada y sigue
ensimismado en su investigación ¿Qué podría
interrumpir a la ciencia? ¿Tú hermana? ¿Un mensaje
misterioso de un ser que ya no lo es? ¿Acaso un
rebelde-terrorista se atrevería a hacerlo?
Días de eclipse (1988), cinematografía al 99%, el 1% es el texto que la inspira, Mil millones de años hasta el fin del mundo de los hermanos Arkadi y Boris Strugatsky, también culpables de esa otra rareza sofisticada que es el Stalker
(1979) de Tarkovsky, tanto el maestro como Sokurov plasman una
atmósfera exasperante, ¿la historia? Es lo de menos, si
acaso una disculpa pues el cine, si pretendo serlo realmente, debe
dejarse llevar por su instinto, por sus mandatos inconcientes, por la
lógica de la imagen y no del texto o la anécdota.
Quien quiera hacer una sinopsis diciente de lo que trata Días de eclipse
se verá en problemas, pues el filme en cuestión no sigue
una estructura narrativa convencional, sus personajes van apareciendo y
desapareciendo sin que tengamos mayores explicaciones al respecto, todo
lo tenemos que ir entretejiendo nosotros mismos como espectadores
ávidos de saber que es lo que pasa, y es talvez esto lo que nos
propones Sokurov, una obra que aunque muy bien acabada visualmente,
debe ser completada con nuestra interpretación
convirtiéndonos a nosotros en otra clase de espectadores, en
espectadores activos; Es por esto mimo que Días de eclipse
se presta para las más diversas opiniones y hasta
especulaciones, los más osados hablan de ella como una obra
premonitoria de los cambios políticos y sociales de la
Unión Soviética de entonces, el desmoronamiento del
bloque comunista que tuvo su estocada final con la caída del
muro de Berlín, en fin, un verdadero giro de 180°, para
muchos en fin de muchas cosas, el fin de sus mundos.
Algo a destacar en la obra es la mezcla excepcional que se logra de las
imágenes meramente documentales con la ficción, el
comienzo de la película nos introduce a ese pueblo dejado de la
mano de Dios mediante un plano aéreo que recorre el pueblo,
pareciese que por alguna razón extraña tuviéramos
que caer en aquel lugar, al cual efectivamente llegamos de
bruses, al igual que el doctor Malianov.
La música es otro elemento clave para lograr la atmósfera
que esta obra consigue, compuesta por Yuri Khanin quien propone una
partitura que juega con la música folclórica del Asia
Central la cual termina distorsionándose completamente y
convirtiéndose en un sonido agudo e inquietante, talvez las
notas musicales también sufran una especie de trastorno al
enfrentarse a la aridez de este pueblo.
Nos encontramos entonces frente a una obra “Rara”, no
se si tal adjetivo sea bueno o malo, aunque si se que tal calificativo
se queda corto para sintetizar los ambientes extraños que el ya
maestro Sokurov nos propone.
Información adicional
Filmografía de Alexander Sokurov en Imdb.com
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