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Japón: un lugar donde resolver(se)
“Mi papá vive
solo en el desierto. Dice que no se lleva bien con la gente”
Sam Shepard. Crónicas
de Motel.
I. A matarme.
La cámara nos
introduce en la ciudad de México en pleno trancón
dentro de un túnel. Poco a poco va apareciendo la autopista y
la ciudad va quedando atrás, llega la noche y con ella la
salida de la gran urbe. Amanece y estamos en el campo, se escucha el
viento soplar, no hay casas, sólo un niño que recoge
los pájaros que su padre está cazando. Un hombre, que
ha salido de la ciudad, quiere ir a un pueblo remoto en las montañas.
El cazador pregunta: ¿A que decía que iba a ese
pueblo perdido? Luego de un silencio largo e inquietante el
hombre responde: A matarme.
Japón es el lugar
a donde se va a buscar la muerte. Japón es un ambiente en el
que ya no se espera mucho del mundo. Un lugar para poder escuchar un
poco de música y mirar los colores de la montaña. Japón
es una película, escrita, dirigida y producida por la misma
persona, que sigue con detalle y paciencia a un personaje en un viaje
hacia lo recóndito de la geografía y de sí
mismo. Nada se nos dice de antemano sobre él, no se nos
introduce formalmente su conflicto, simplemente las cosas van pasando
y uno va uniendo pedazos de sonidos y de imágenes para
construir la “historia” de un personaje silencioso y de rostro
duro que afirma sin dar más explicaciones que desea matarse.
II. Pero quién
dijo hoteles.
Japón es
una película minuciosa, intimista, detallista y con cierto
tono documental. Abundan las tomas largas del hombre caminando por la
montaña, la cámara lo sigue a su espalda, recordando un
poco esa forma de seguir los personajes que tienen los hermanos
Dardenne. Japón es la relación de un hombre que
se ha salido de la ciudad y la gente de un pequeño pueblo.
Extraños los unos a los otros. La película nos muestra
la vida del pueblo, su devenir diario: la niña que da de beber
tequila a su padre que no puede usar las manos para sostener la
botella, los niños nadando en el pequeño río, la
cámara siempre muy de cerca de los niños.
El hombre es un personaje
desencajado y en conflicto con su existencia y que quiere refugiarse.
La película se une a su propósito de fuga. Esos lugares
del pequeño pueblo, que él hombre recuerda están
llenos del embrujo que tienen los sitios predilectos de la infancia
(de la infancia de Reygadas según sus declaraciones). A esos
lugares vuelve este hombre para dar muerte a algo que en él
que ya no puede ser. Una mañana saca sus pinturas y los niños
del pueblo se le acercan y él comienza a regalarlas una a una
y los niños desfilan por enfrente de él en una larga
secuencia cubierta por la música de cámara que él
hombre escucha en su radio. Los niños pasan, los árboles
son movidos por el viento, hay niños pequeños, niños
gordos, niños de pelo largo, niños con la camisa por
dentro, niños con los pantalones rasgados, niñas
adolescentes, un joven que fuma, unos llevan gorras, otros van
descalzos y así van pasando, al parecer por orden de edad,
como si fuera una secuencia temporal de las mismas personas. El
hombre y nosotros simplemente miramos desde una distancia que impide
casi cualquier intervención. Al final la cámara gira,
se ve el campo abierto y en dirección opuesta aparecen dos
viejos que saludan al hombre. Símbolo o no, se trata de una
demostración magistral de la mirada contemplativa en el cine.
III. Asunción.
Ascensión.
Asces le dicen en el
pueblo y vive en una casa sobre la montaña. En las tardes
cuando hay mucho calor se sienta con los hombres del pueblo y toma un
poco de chicha o sale a recoger algunas nueces. Su casa es vieja como
ella, se nota el paso del tiempo en las paredes y en la piel. Ella
sabe muchas cosas, a veces juega con las palabras, Con él
comienza una relación de reconocimiento. Se fuman un porro. El
sueña con ella en una playa donde sale una mujer de cuerpo
esbelto que luego besa a Asces. En él se juntan
simultáneamente el deseo sexual, el deseo de darse muerte con
la propia mano y el deseo de conocer(la). Toca su arma. Toca su pene.
Camina hacia la montaña. Cae sobre la roca, llega junto al
abismo y quiere dispararse. Acabar con todo su mundo. No sabemos por
qué, no al menos en un sentido estricto, pero la película
nos da pistas para intuirlo, la mejor de todas es su rostro y su
cojera. Ese hombre ha vivido ya muchas cosas y le sobra el mundo.
Ahora junto al abismo hay un momento de cierre. Él se pone
junto a un caballo muerto. La lluvia cae. Hay mucho verde del campo
y mucho azul del cielo, ambos se juntan para resplandecer en el color
que les asigna la película de cine. Él se lanza. La
música comienza un contrapunto intenso con las imágenes.
La cámara comienza a volar en círculos, el hombre y el
caballo muerto tendidos en el piso. El gran cañón que
abre la mirada hasta el infinito. Una escena de gran intensidad como
pocas. Si fuera necesario evocar alguna referencia la primera sería
Tarkovski y esos objetos que caen en la casa de Zerkalo (El espejo).
Reygadas se estrena en el cine dando a su film toda la libertad
posible. Japón se abre sobre sí misma e insinúa
reflexiones, sensaciones e ideas. Pero es sólo eso, una
insinuación. A nosotros nos queda el resto.
IV. Usted lo que
quiere es fornicarme hoy mismo.
Japón es la
descripción del encuentro entre Asces y el hombre. El hombre
desarrolla un deseo por Asces que para él mismo es difícil
de explicar, pero que queda latente en los planos detallados de los
vestidos y los movimientos del cuerpo de ella. Deseo que viene de los
sueños y que parece sugerido por la naturaleza exuberante del
campo en donde los caballos copulan a la luz de la mañana
mientras los niños juegan al fútbol. Reygadas logra
introducir el erotismo entre dos seres aparentemente arruinados, una
por su vejez y pobreza y el otro por su desesperación e
incapacidad de comunicación. Los dos se acercan. Desde la
distancia gigantesca que los separa se nota un vínculo. Ambos
son seres desplazados del mundo, los niños dicen que la vieja
está loca y el hombre no es capaz de encontrar lugar en los
sitios donde los hombres van a “divertirse”. Y nuevamente aparece
la música como contrapunto de todos los conflictos, es ésta
quien señala el choque del hombre con la gente del pueblo y es
ella la que permite que Asces y el hombre puedan entablar una
confianza más allá de lo que muchos prejuicios y normas
permiten. Su encuentro y la forma en que Reygadas lo retrata es un
momento rebelde, una joya de la fascinación erótica.
Una cama desvencijada en una casa prácticamente en ruinas es
el escenario de un encuentro de dos seres salidos, golpeados, pero
resistentes. Allí solos, desnudos, en silencio, se enfrentan a
sus propias miserias. El llanto surge desde una tragedia que no se
enuncia pero que late en el ambiente. El sexo se convierte en un
lugar de unión de dos seres identificados por sus agonías
comunes aunque dispares. Allí solos y desnudos también
se enfrentan a todos los demás que quieren imponerles su
propia lógica para sacar partido propio. Esos otros que
destruyen la casa de Asces y que hacen que después de la
jornada ella les sirva el tequila en medio de una delirante escena de
canciones cortadas por los defectos de la voz y del tequila que funde
las distancias entre la realidad del pueblo y la ficción de la
película.
V. Aunque mí no
me gustan mis brazos viejos y enfermos no me los cortaría.
En un acto de inusitada
habilidad cinematográfica Reygadas concluye su ópera
prima en un tono agónico. La cámara arranca por la vía
del tren, gira y avanza en espiral abriendo el campo totalmente para
que todo lo que está alrededor pueda estar en la película.
Reygadas quiere sumergirnos en la escena. Vemos las nubes sobre el
campo, la música se desata sobre la naturaleza, las rocas
esparcidas, un zapato tirado, los cuerpos regados. La muerte se hace
presente bajo las nubes de un inexplicable y perdido paraje del
mundo.
Información adicional
Filmografía de Carlos Reygadas en Imdb.com
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