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¡Y dice!
De qué me sirve que tú me quieras
de qué me sirve el amarte yo
si el cruel destino se nos opone
a que vivamos juntos tú y yo. Hay cosas que es
mejor olvidar, pero existen olvidos que sería bueno recordar,
pues al final, es lo poco que queda. Los años van carcomiendo
todo, el tiempo se encarga de restarle nitidez a esos recuerdos
convertidos en imágenes. El tiempo pasa soberbio sobre nosotros
y oxida la piel, los huesos, la sonrisa, las neuronas, las canciones,
los versos,el ¿Amor?. De él. Sí, del amor, de sus momentos entrañables y ya difusos trata este bello trabajo: Del olvido al no me acuerdo,
documental que tiene como hilo conductor, más bien como disculpa
diría yo, la figura ya mítica del artista mexicano Juan
Rulfo, cuyas palabras y versos se dejan escuchar sonorizando las
imágenes oníricas que nos presenta su director Juan
Carlos Rulfo, no diré que es su hijo y que la película
está dedicada a la memoria de su padre, para qué. La tarde era triste
la nieve caía
de un blanco sudario
los campos cubrían
y un ave volaba
hoy no hace rumor
y un ave volaba
hoy no hace rumor Un documental inspirado en Rulfo,
es ver cómo las imágenes pudieron convertirse en
palabras, y cómo las palabras se convierten en imágenes,
de las imágenes que nos mostraba Rulfo en sus escritos o en sus
fotografías, ese México profundo, el México de
antaño, el de los corridos y rancheras a guitarra destemplada,
muy alejado de ese México de los dramones telenovelescos y de
corrupción capitalina y smog exasperante. Rulfo
dejó su literatura, dejó sus fotos de paisajes casi
abstractos, peñascos y riscos en blanco y negro, también
tuvo sus deslices en el cine al lado de Don Luis Buñuel y
García Márquez, pero sobre todo, dejó un manto de
leyenda sobre sus orígenes, su infancia,juventud y amores, todo
es fantasía pura. Ya no te quiero mujer
por prieta y cucaracha
y porque tenessss
las orejas de naguass
Y una bocaaa
como la hoya del nis tamal
y las zancas como de perra de mar Pero Juan Carlos Rulfo, reconoce que es inútil hacer un biopic tradicional
sobre su padre, que es innecesario conocer quien era Juan Rulfo a la
manera mas elemental, y en cambio, construye un retrato fragmentado con
lo que dicen y contradicen sus amigos, amores y coterráneos,
donde todos ellos, tratan de recordar algo que ya han olvidado, y que
deben reconocer tristemente ¡Ya no me acuerdo! Amorcito consentido
dime que te sucedió
dime que estás disgustada
disgustos no quiero yo
Amorcito consentido
como yo vengo a saber
dime si estás disgustada
para no volverte a ver. Los coterráneos de
Rulfo, los habitantes de Colima, pueblo casi fantasma, perdido en la
llanada y rodeado de desierto, nutren el documental con sus olvidos,
con sus caras cansadas y párpados caídos, ellos tratan de
recordar lo que ya han olvidado o talvez no han vivido, cantan
recordando sus aventuras, sus primeros cosquilleos en el
estómago y sus primeras cartas hechas por encargo. Recuerdan
aquellos amores hoy ya craquelados, pero que continúan
dando el aliento necesario para seguir viviendo, así las
palabras sean ya pocas, talvez el amor llegue a un estado de pureza a
cierta edad, que sólo sea suficiente sentir la presencia del
otro para ser feliz. Pues a la final sólo queda eso. Todo en la
vida llega a un momento en que sólo hay un poco de ánimo
para tratar de recordar lo vivido, la vida deja de vivirse en presente
y más bien se va componiendo de pequeños Flash-backs que encharcan los ojos y ponen la voz temblorosa, el alma se regocija y parece encontrarse la juventud perdida. Borracho perdido
tirado en la calle
baboseado de los perros
aporreado de los cuicos
es por tu amor
por que me abandonaste. El Sol cae, el diablo sale y
saluda un campesino, le pregunta por la vida, el campesino le responde
amablemente, ya son viejos conocidos, si hace frío, todo es
calmo, el tiempo se detiene a descansar en Colima, se posa
descaradamente sobre su planicie, sobre sus habitantes, figuras casi
inertes, cuya piel se parece cada vez más a la tierra.
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