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Turtles can fly
Las tortugas también vuelan
  Guión y dirección Bahman Ghobadi. Irán. 2004.


Por Claudia Jaramillo y Mauricio Alvarez
 

El cine de Bahman Ghobadi se destaca por su aparente sencillez. Contar
historias de la vida diaria, aunque muy extraordinaria, de la gente del Kurdistán, tierra natal del director que nutre su cine de historias, personajes y actores naturales.

A primera vista su cine parece muy ligado a la realidad, así lo afirma el propio director y de hecho se nota en sus películas. Turtles can fly no es la excepción y al igual que sus anteriores A time for the drunken horses y Marooned in Irak está basada en hechos reales que el director ha recogido en sus viajes y estancias por los territorios de la difusa frontera del Kurdistán entre Irak, Irán y Turquía. En todas sus películas sus actores son personas que viven en las zonas donde se hacen los rodajes y según palabras de Ghobadi, él mismo le pide a los actores que no actúen sino que vivan frente a la cámara. Además Ghobadi siempre está afirmando que sus películas quiere mostrar el modo de vida y la tragedia del pueblo kurdo. Tomando todo esto en cuenta uno podría llegar a afirmar que el cine de Ghobadi es un cine de la realidad o de la no-ficción. Pero esa afirmación es muy ligera y Turtles can Fly ayuda a dilucidar ese tipo de cine que Bahman Ghobadi ha creado para sus películas. Un cine de ficción que se alimenta de la realidad para establecer un diálogo con ella desde la perspectiva histórica, política y personal del director.

En Turtles can Fly el hecho de que los actores sean naturales y propios de la zona, que el guión swe haya construido en la marcha del rodaje y las historias tomadas de la vida de las comunidades, no son más que instrumentos por los que se expresa la opinión, visión y discurso de Bahman Ghobadi sobre la situación social del Kurdistán.

El personaje de Satélite, el joven que lleva las imágenes al pueblo poniendo antenas parabólicas, viene a ser su alter ego. Alguien que logra el poder, y ese poder le permite hacer a un lado a las anacrónicas autoridades religiosas y civiles del pueblo y es reconocido por todos los niños. Satélite es el portador de la opinión del director y la película logra que el espectador se identifique con el personaje, que es la identificación del espectador con la opinión del director.

Turtles can fly está lleno de declaraciones políticas y de tomas de posición: sobre el absurdo de la guerra, sobre la falsedad de las fronteras entre los países, sobre el falso papel de salvador de los ocupantes extranjeros, sobre la inutilidad de la escuela cuando no está relacionada con la vida, sobre la torpe censura de los medios. Pero esas
declaraciones no aparecen como un discurso directo sino como sugerencias mediante frases o imágenes clave que señalan o denuncian ciertos hechos. Ghobadi deja que el espectador participe en la medida que sea capaz de reconocer esos señalamientos y que pueda identificar el discurso que los juzga y critica.

Además Turtles can Fly introduce elementos nuevos en la filmografía de Ghobadi porque sitúa a sus personajes centrales en una zona intermedia entre el sueño y la realidad, una zona donde las noticias importantes las trae el sueño de un niño que “ve” el futuro o donde el odio y la impotencia de la niña se convierten en venganza y autodestrucción a través de sueños mezclados de realidad.

Alrededor de esos sentimientos de los niños Ghobadi construye una historia circular. La historia de la tragedia que se repite en la vida de los kurdos. Las guerras y las mutilaciones que terminan para volver a comenzar, los campos de refugiados, las balas, las minas, las bombas, el suicidio por desesperación y rabia, el recuerdo de los gases y del desplazamiento, vivir entre guerras y acomodarse a ello sabiendo que hacer en cada momento, vienen las bombas subamos a la montaña, se van las bombas bajamos. Y sobretodo la mutilación.

La mutilación es el eje fotográfico de Turtles can Fly. Cojo, manco, ciego o bizco. Juegan a correr por la montaña de repente pumm. Y para representar a alguien sin brazos en el cine hay que haber perdido los dos brazos, ahí no hay truco. La tierra convertida en un campo minado, los lugares de juego, la tierra del cultivo, cualquier cosa puede explotar y los cuerpos se resquebrajan. En los caminos y con los bombardeos se pierden padres, piernas, ojos, brazos, inocencias. Ghobadi no exagera la tragedia (aunque para aquellos poco acostumbrados pueda parecer lo contrario) simplemente la detalla.

En Turtles can Fly Ghobadi crea un escenario, dirige a sus actores y monta un mundo artificial para poder revelar al mundo real, por lo menos el que él ve. Uno celebra que el cine, como en el caso de Ghobadi, pueda ser un acto de extrema individualidad capaz de revelar la tragedia colectiva del mundo.

Información adicional
Entrevista a Bahman Ghobadi. La continuidad de la rutina de la vida misma
Por Claudia Jaramillo y Mauricio Alvarez
Entrevista a Bahman Ghobadi. En homenaje del pueblo kurdo. Por Sthéphane Goudet
Reseña de A time for the drunken horses por Mauricio Alvarez
Filmografía de Bahman Ghobadi en imdb.com