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Whisky
 
  D: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll. Uruguay. Argentina. Alemania. España. 2004. 94 min


Por: Ramiro Camelo
 

Tres para un tango, la celebración de "hasta mañana... si Dios quiere"

La República Oriental del Uruguay, más conocida por su nombre abreviado de Uruguay, es reconocido como uno de los países más pequeños de Latinoamérica, esto es un hecho. Décadas atrás se le llamaba "el país modelo" o la "Suiza de América", eso era un mito. Pero no es de popular conocimiento que es también un país con una escasa cinematografía nacional. Esto se podría decir también de casi todos los países de Latinoamérica, pero hablando de Uruguay es mucho mas cierto. Paradójicamente, Montevideo cuenta con la más importante cinemateca del continente. La Cinemateca Uruguaya, -sostenida por la pujanza del incansable Manuel Martínez Carril- cuenta en su acervo con casi 12.000 títulos algunos verdaderas joyas y también múltiples copias únicas que han sido declarados tesoros nacionales.

La cultura cinematográfica de los uruguayos es prolífica en anécdotas. Un país que tuvo su primera proyección cinematográfica en 1896, el mismo año que los hermanos Lumiere realizaron sus proyecciones en Francia. Cuando el peronismo argentino censuró películas como The Great Dictator (El Gran Dictador) de Charles Chaplin, los bonaerenses cruzaban el Río de La Plata en cruceros fletados exclusivamente para ir a Montevideo a verla. Tal vez suena a broma, pero hasta hace muy poco, exactamente en 1994, El dirigible, una rarísima película de Pablo Dotta, debutó en el Festival de Cannes como "la primera película en la historia del cine uruguayo" y en Buenos Aires como "la primera película sonora uruguaya", mientras que el dossier de prensa la presentó como "la primera producción nacional sonora en 35 mm". Todos estos calificativos no eran más que una ingeniosa estrategia publicitaria, creada por Dotta, quien trabajaba en publicidad, pero en algunos círculos se dio todo ello por cierto ya que casi nunca se había conocido, visto y oído de ninguna otra película ‘hecha en el Uruguay’.

Hablando en términos muy generales Uruguay ha producido cerca de una quincena de películas en los últimos diez años, exceptuando coproducciones, pero todas ellas de reconocida calidad y han recorrido triunfalmente festivales de cine alrededor del mundo. Para citar algunos ejemplos recientes, tenemos En la Puta Vida (2003) de Beatriz Silva, La Espera (2003) de Aldo Garay, y 25 Watts (2001) de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll. Es tal vez por ésto que cuando aparece una nueva película uruguaya es tiempo de celebrar la reanimación del cine uruguayo.

La que es y será por algún tiempo, la más reciente película uruguaya es Whisky, realizada por los ya antes mencionados Rebella y Stoll, logrando así una verdadera hazaña, esto es realizar dos películas uruguayas. En sus notas de producción ellos mencionan, "Es extremadamente difícil producir una película en Uruguay. Por supuesto, esta declaración se aplica prácticamente a cualquier país latinoamericano y continúa siendo verdadera. Pero en Uruguay es difícil producir cualquier cosa: manufacturados, por ejemplo, como se muestra en Whisky".

Podría esta afirmación ser una especie de justificación de la "testarudez" de Rebella y Stoll de hacer cine para demostrar que es difícil hacer cine, pero se hace, quizá, para ahuyentar el pesimismo que se les asigna a los uruguayos. Para los ojos del espectador, uno podría concluir de antemano que Whisky explota esa vena difícil de la idiosincrasia de los uruguayos caracterizados en su propio imaginario como pesimistas, conservadores, tristes por naturaleza, o melancólicos no es nuevo decir que muchos uruguayos se reconocen a sí mismos como "bajoneados" que viven en un "país gris". Cuando se piensa en estas tipologías de los uruguayos, que son básicamente arquetípicas, es allí cuando se puede entender mejor la incómoda cotidianida den que viven los personajes de Whisky.

La de Whisky es una historia sencilla y en principio inocente o absurda, si se quiere, la premisa puede ser tres caracteres tratando de revelarse a sí mismos a través de los otros. Jacobo Köller es el dueño de una moribunda fábrica de medias donde trabajan tres empleadas. Marta es una de ellas, es su mano derecha pero sólo en la fábrica. Jacobo y Marta mantienen una relación glacial, si a aquello se le puede llamar relación. Tal vez ambos desearían que no fuera así, especialmente Marta, pero el ritual del trabajo conjunto los sumerge en una rutina curiosa y morbosa, sin sobresaltos. En el comienzo del film los directores quieren dejar claro que el aburrimiento de la fabrica es total y sin esperanza, cada escena se repite sin compasión.

Marta parece haber perdido toda esperanza, asumiendo que ella seguirá siendo "la empleada" por siempre, hoy, mañana y pasado mañana, así, hasta que Dios quiera. Esto, parafraseando las últimas palabras que ellos cruzan, todos y cada uno de los días antes de decirse adiós, Jacobo dice, "Hasta mañana" y Marta responde: "... Si Dios quiere" y se va a casa en un bus, escuchando viejas baladas de Leonardo Favio como una incansable romántica pero sin ningún Romeo.

Ese plácido equilibrio en la rutina laboral de Jacobo y Marta se ve en peligro cuando Herman, el hermano menor de él, que vive en Brasil y a quien no ha visto en muchísimo tiempo, decide visitarlo para rendir honores a su madre muerta tiempo atrás. Es aquí cuando el verdadero film comienza. Jacobo, tratando de aparentar una vida normal ante Herman, propone a Marta posar como su esposa. Una vez hecho un convenio, Marta se muda a la casa de Jacobo y desde ese momento, él tiene que asumir otro tipo de cotidianidad, que será la misma, sólo que con dos invitados viviendo en su casa.

En un principio, Herman parece ser distinto a Jacobo, pero después notamos que es más su complemento y así olvidamos que podrían ser ellos unos dignos sucesores de Caín y Abel, sin mencionar cuál es cuál. Marta y su frialdad llega a convertirse en el fiel de la balanza entre los dos hermanos. Ella estará dispuesta a hacer que estos días de teatralidad junto a Köller sean los más felices de su vida, porque de pronto, quizá ellos no tengan una segunda oportunidad.

El viaje de los personajes a un paraíso terrenal en comparación con Montevideo, la ciudad de una Piriapolis, un veraneadero pero ellos van en pleno invierno otra muestra de su entusiasmo. Piriapolis parece ser el sitio preciso para ver de qué son capaces cada uno de ellos, que hasta entonces nos han sido mostrados como una manada de bucólicos perdedores. Allí, entre zambullidas en la piscina, viajes al casino, caminatas en la playa y noches de juerga, encontrarán al menos sonrisas, malos chistes y uno que otro momento que recordar. Así un viaje que parecía estar destinado al fracaso se vuelve una revelación de que hay otro mundo allá afuera y que nos es difícil buscarlo. Así, hasta una nunca esperada sonrisa puede aparecer en la keatonesca cara de Jacobo.

En la informaciónde prensa de Whisky se incluía un artículo por el critico Demetrios Matheou de The independent de Londres, titulado ‘Aki Kaurismäki. South American style’ para hacer una símil entre el cine del finlandés y el de la dupla uruguaya. Pero si se tratase de encontrar una analogía cinematográfica quien escribe lo retitularía ‘Jarmusch viaja al sur’, pensando en las similitudes que Whisky tienes con el debut de Jarmusch Stranger Than Paradise (Extraños en el paraíso, 1984). La banal existencia en un apartamento de Nueva York de Willie y Eva no es muy diferente del odioso Montevideo de Jacobo y Marta. Un tercer personaje aparece, Eddie en Nueva York y Herman en Montevideo y un viaje… Adonde? Así como el film de Jarmusch puede llamarse un ‘anti-road movie’, Whisky podría serlo también, veamos, esos tres personajes emprenden un viaje sin propósito fijo casi sin saber por qué, mas bien tratando de escapar de lo inescapable, hasta que el destino se convierte es un cuarto protagonista. Florida o Piriapolis, o una playa, o el mar, o encuentros y desencuentros. Muchos mas elementos podría acotar con el propósito de encontrar paralelos entre entre las dos historias pero puede ser una mera casualidad. No seria asombroso imaginar que los directores de Whisky no se hayan topado con el film de Jarmusch jamás.

En un cine actual plagado de superfluos diálogos, de voces altas o de monólogos burdamente teatralizados, Whisky aparece brillando plácidamente como una joya llena de silencios, de invitaciones a la palabra más que a palabras mismas, de diálogos prometidos que no se convierten en realidad. Como espectadores, siempre deseamos encontrarnos con esos raros films hechos y manejados con imágenes, valiosas imágenes, o banales imágenes, que nos sugieran ideas, que nos inviten a mostrarnoslo inefable, aunque sea solo una invitación, al final nosotros podríamos inventarnos el resto.

Whisky, con su extraordinaria lucidez, nos reconcilia con este cine de las imágenes inéditas tanto técnica como estéticamente, Rebella y Stoll cuentan que después de leer la novela gráfica “Jimmy Corrigan, el niño más listo de la tierra” de Chris Ware estaban seguros que habían encontrado el estilo visual que deseaban para el rodaje, era algo muy simple, entonces como dibujando un comic, deciden rodar el film sin mover la cámara, pase lo que pase, con este reto en mente parecería que están pactando con el demonio y cuando lo logran, con semejante gallardía, le han ganado sin duda. Finalmente, cuando nos asombramos con películas perfectas como Whisky, podemos preguntarnos por qué resulta tan difícil hacerlas. Recuerdo entonces a uno de nuestros profesores de la facultad que nos decía, entornando la voz como quien da las pistas para encontrar el Santo Grial de los cineastas, "Rodar excelentes películas no es rodar películas, es rodar excelentes películas".

Información adicional

Filmografía de Juan pablo Rebella en Imdb.com