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Tres para un tango, la celebración de "hasta mañana... si Dios quiere"
La
República Oriental del Uruguay, más conocida por su
nombre abreviado de Uruguay, es reconocido como uno de los países
más pequeños de Latinoamérica, esto es un hecho.
Décadas atrás se le llamaba "el país
modelo" o la "Suiza de América", eso era un
mito. Pero no es de popular conocimiento que es también un
país con una escasa cinematografía nacional. Esto se
podría decir también de casi todos los países de
Latinoamérica, pero hablando de Uruguay es mucho mas cierto.
Paradójicamente, Montevideo
cuenta con la más importante cinemateca
del continente. La Cinemateca Uruguaya,
-sostenida por la pujanza del incansable Manuel Martínez
Carril- cuenta en su acervo con casi 12.000 títulos algunos
verdaderas joyas y también múltiples
copias únicas que han sido
declarados tesoros nacionales.
La
cultura cinematográfica de los uruguayos es prolífica
en anécdotas. Un país que
tuvo su primera proyección cinematográfica en 1896, el
mismo año que los hermanos Lumiere realizaron sus proyecciones
en Francia. Cuando el peronismo argentino censuró películas
como The Great Dictator (El Gran Dictador) de Charles Chaplin, los bonaerenses
cruzaban el Río de La Plata en cruceros fletados
exclusivamente para ir a Montevideo a verla. Tal vez suena a broma,
pero hasta hace muy poco, exactamente en 1994, El dirigible,
una rarísima película de
Pablo Dotta, debutó en el Festival de Cannes como "la
primera película en la historia del cine uruguayo" y en
Buenos Aires como "la primera película sonora uruguaya",
mientras que el dossier de prensa la presentó como "la
primera producción nacional sonora en 35 mm". Todos estos
calificativos no eran más que una ingeniosa estrategia
publicitaria, creada por Dotta, quien trabajaba en publicidad, pero
en algunos círculos se dio todo ello
por cierto ya que casi nunca se había
conocido, visto y oído de ninguna otra película ‘hecha
en el Uruguay’.
Hablando
en términos muy generales Uruguay ha producido cerca de una
quincena de películas en los últimos
diez años, exceptuando coproducciones, pero todas ellas de
reconocida calidad y han recorrido triunfalmente festivales de cine
alrededor del mundo. Para citar algunos ejemplos recientes, tenemos
En la Puta Vida (2003) de Beatriz Silva, La Espera
(2003) de Aldo Garay, y 25 Watts (2001) de Juan Pablo Rebella
y Pablo Stoll. Es tal vez por ésto que cuando aparece una
nueva película uruguaya es tiempo de celebrar la reanimación
del cine uruguayo. La
que es y será por algún tiempo, la más reciente
película uruguaya es Whisky, realizada por los ya antes
mencionados Rebella y Stoll, logrando así una verdadera
hazaña, esto es realizar dos películas uruguayas. En
sus notas de producción ellos mencionan, "Es
extremadamente difícil producir una película en
Uruguay. Por supuesto, esta declaración se aplica
prácticamente a cualquier país latinoamericano y
continúa siendo verdadera. Pero en Uruguay es difícil
producir cualquier cosa: manufacturados, por ejemplo, como se muestra
en Whisky".
Podría
esta afirmación ser una especie de justificación de la
"testarudez" de Rebella y Stoll de hacer cine para
demostrar que es difícil hacer cine, pero se hace, quizá,
para ahuyentar el pesimismo que se les
asigna a los uruguayos. Para los ojos del espectador, uno podría
concluir de antemano que Whisky explota esa vena difícil
de la idiosincrasia de los uruguayos
caracterizados en su propio imaginario como pesimistas,
conservadores, tristes por naturaleza, o melancólicos no es
nuevo decir que muchos uruguayos se reconocen a sí mismos
como "bajoneados" que viven en un "país gris".
Cuando se piensa en estas tipologías
de los uruguayos, que son básicamente arquetípicas, es
allí cuando se puede entender mejor la incómoda
cotidianida den que viven los personajes de
Whisky.
La
de Whisky es una historia sencilla y en principio inocente o
absurda, si se quiere, la premisa puede ser tres caracteres tratando
de revelarse a sí mismos a través de los otros. Jacobo
Köller es el dueño de una moribunda fábrica de
medias donde trabajan tres empleadas. Marta es una de ellas, es su
mano derecha pero sólo en la fábrica. Jacobo y Marta
mantienen una relación glacial, si a aquello se le
puede llamar relación. Tal vez ambos desearían que no
fuera así, especialmente Marta, pero el ritual del trabajo
conjunto los sumerge en una rutina curiosa y morbosa, sin
sobresaltos. En el comienzo del film los directores quieren dejar
claro que el aburrimiento de la fabrica es total y sin esperanza,
cada escena se repite sin compasión.
Marta
parece haber perdido toda esperanza, asumiendo que ella seguirá
siendo "la empleada" por siempre, hoy, mañana y
pasado mañana, así, hasta que Dios quiera. Esto,
parafraseando las últimas palabras que ellos cruzan, todos y
cada uno de los días antes de decirse adiós,
Jacobo dice, "Hasta mañana" y Marta responde: "...
Si Dios quiere" y se va a casa en un bus, escuchando viejas
baladas de Leonardo Favio como una incansable romántica
pero sin ningún Romeo.
Ese
plácido equilibrio en la rutina laboral de Jacobo y Marta se
ve en peligro cuando Herman, el hermano menor de él, que vive
en Brasil y a quien no ha visto en muchísimo tiempo, decide
visitarlo para rendir honores a su madre muerta tiempo atrás.
Es aquí cuando el verdadero film comienza. Jacobo, tratando de
aparentar una vida normal ante Herman, propone a Marta posar como su
esposa. Una vez hecho un convenio, Marta se muda a la casa de Jacobo
y desde ese momento, él tiene que asumir otro tipo de
cotidianidad, que será la misma,
sólo que con dos invitados viviendo en su casa.
En
un principio, Herman parece ser distinto a Jacobo, pero después
notamos que es más su complemento y así olvidamos que
podrían ser ellos unos dignos sucesores de Caín y Abel,
sin mencionar cuál es cuál. Marta y su frialdad llega a
convertirse en el fiel de la balanza entre los dos hermanos. Ella
estará dispuesta a hacer que estos días de teatralidad
junto a Köller sean los más felices de su vida, porque de
pronto, quizá ellos no tengan una segunda oportunidad.
El
viaje de los personajes a un paraíso terrenal en comparación
con Montevideo, la ciudad de una Piriapolis, un veraneadero pero
ellos van en pleno invierno otra muestra de su entusiasmo. Piriapolis
parece ser el sitio preciso para ver de qué son capaces cada
uno de ellos, que hasta entonces nos han
sido mostrados como una manada de bucólicos
perdedores. Allí, entre zambullidas
en la piscina, viajes al casino, caminatas en la playa y noches de
juerga, encontrarán al menos sonrisas, malos chistes y uno que
otro momento que recordar. Así un viaje que parecía
estar destinado al fracaso se vuelve una revelación
de que hay otro mundo allá afuera y
que nos es difícil buscarlo. Así,
hasta una nunca esperada sonrisa puede aparecer en la keatonesca cara
de Jacobo.
En
la informaciónde prensa de Whisky
se incluía un artículo por el
critico Demetrios Matheou de The independent de Londres, titulado
‘Aki Kaurismäki. South American style’ para hacer una símil
entre el cine del finlandés y el de
la dupla uruguaya. Pero si se tratase de encontrar una analogía
cinematográfica quien escribe lo
retitularía ‘Jarmusch viaja al
sur’, pensando en las similitudes que Whisky tienes con el
debut de Jarmusch Stranger Than Paradise (Extraños
en el paraíso, 1984). La banal
existencia en un apartamento de Nueva York de Willie y Eva no es muy
diferente del odioso Montevideo de Jacobo y Marta. Un tercer
personaje aparece, Eddie en Nueva York y Herman en Montevideo y un
viaje… Adonde? Así como el film
de Jarmusch puede llamarse un ‘anti-road movie’, Whisky
podría serlo también,
veamos, esos tres personajes emprenden un viaje sin propósito
fijo casi sin saber por qué, mas bien tratando de escapar de
lo inescapable, hasta que el destino se convierte es un cuarto
protagonista. Florida o Piriapolis, o una playa, o el mar, o
encuentros y desencuentros. Muchos mas elementos podría
acotar con el propósito de encontrar
paralelos entre entre las dos historias pero puede ser una mera
casualidad. No seria asombroso imaginar que los directores de Whisky
no se hayan topado con el film de Jarmusch jamás.
En
un cine actual plagado de superfluos diálogos, de voces altas
o de monólogos burdamente teatralizados, Whisky aparece
brillando plácidamente como una joya llena de silencios, de
invitaciones a la palabra más que a palabras mismas, de
diálogos prometidos que no se convierten en realidad. Como
espectadores, siempre deseamos encontrarnos con esos raros films
hechos y manejados con imágenes, valiosas imágenes, o
banales imágenes, que nos sugieran ideas, que nos inviten a
mostrarnoslo inefable, aunque sea solo una
invitación, al final nosotros
podríamos inventarnos el resto.
Whisky,
con su extraordinaria lucidez, nos reconcilia con este cine de las
imágenes inéditas tanto técnica
como estéticamente, Rebella y Stoll
cuentan que después de leer la
novela gráfica “Jimmy Corrigan, el
niño más listo de la tierra” de Chris Ware estaban
seguros que habían encontrado el
estilo visual que deseaban para el rodaje, era algo muy simple,
entonces como dibujando un comic, deciden rodar el film sin mover la
cámara, pase lo que pase, con este reto en mente parecería
que están pactando con el demonio y cuando lo logran, con
semejante gallardía, le han ganado
sin duda. Finalmente, cuando nos asombramos con películas
perfectas como Whisky, podemos preguntarnos por qué
resulta tan difícil hacerlas. Recuerdo entonces a uno de
nuestros profesores de la facultad que nos decía, entornando
la voz como quien da las pistas para encontrar el Santo Grial de los
cineastas, "Rodar excelentes películas no es rodar
películas, es rodar excelentes películas".
Información adicional
Filmografía de Juan pablo Rebella en Imdb.com
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